Me cuenta mi m adre que en Melilla, a finales de los años 40 o principios de los 50, profanaron el sagrario de la iglesia de un convento. Las Hostias las clavaron en un pared, y las Hostias sangraron.
Creo que esta gran verdad deberia llevarnos a tratar a Dios como a Dios. No darle la espalda en las misas como hacemos hoy, cuando el sacerdote celebra. Y no sacarlo del centro en su casa, convirtiendola en un lugar de hacer todo menos orar. Que el sacerdote le de la espalda al pueblo y no a Dios, a quien ofrece la victima por nuestros pecados. Que esto nos recuerde que debemos doblar las rodillas delante de ese maravilloso pedazo de PAN QUE ES DIOS, y seamos obediente a nuestro Papa que bien nos ensena.
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