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La Cristiada fue hazaña del pueblo mexicano

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“A los siete años hice la primera comunión, en vísperas de la clausura de los templos por la Iglesia en acto de protesta contra la política anticlerical de Calles, origen también de la guerra Cristera. Jamás olvidaré cómo llegaba el cura a nuestra casa, ocultándose como facineroso para celebrar el Santo Sacrificio. De aquellos días arranca mi detestación por Calles y a la par mi admiración por los cristeros, no obstante sus atrocidades.

 

Hoy, sobre todo, ante la postración moral generalizada, me deslumbran los cristeros aunque su lucha hubiese sido por Mahoma.

 

El callismo fue pandilla de matones dueña del país, convertido por ellos en rebaño conformista. Ahora leo con entusiasmo las hazañas de los cristeros, hombres cabales como sus abuelos de la Reforma y del Imperio, seres capaces de renunciar a las comodidades de la vida y a la vida misma, en aras de una gran ilusión. De la Reforma y la Cristiada pasamos a los actuales mexicanos, resueltos a todo para obtener dádivas al margen de compromisos morales. En mi “Biografía de una Nación” escribí:

La Cristiada fue hazaña del pueblo mexicano, no del gobierno o sus soldados. Esa guerra probó que el pueblo mexicano existe, aunque por lo general guarde silencio o duerma. Me aterroriza pensar que hombres como los de la Cristiada hayan desaparecido, y prefiero suponer que andan por allí, confundidos entre los que salen de casa a ver a quién compran o a ver a quién venden.



De eso no retiro una palabra. En la Cristiada entreveo al pueblo que pudo ser éste, con raíces, tronco y magnífico follaje. Pueblo del cual nos queda el follaje apenas, sujeto al viento que sopla en invernaderos de primavera mentirosa. De la Cristiada podrán contarse cuantas atrocidades se quiera, pero fue raíz, como raíz fue mi madre en los días del furor anticatólico. Al celebrar misa en su pobre casa, exponiéndose a perderla por confiscación, votaba contra la tiranía cerril de Plutarco Elías Calles. Doña María me enseñó a vivir con dignidad de hombre, no con instrumentalidad de cosa. Si alguna vez he capitulado, mis debilidades sólo prueban que el hijo no resultó de la pasta materna; querría haber sido como ella, con su entereza y su fe, próspera raíz en la buena tierra.”

(José Fuentes Mares, Intravagario,1985, p.30).

Comments 

 
0 # leticia 17-05-2012 21:59
lo malo fue que mandaron al pueblo y sacerdotes jovenes, los de mas arriba se sentaron a tomar chocolate
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0 # leticia 17-05-2012 22:00
si lo califica el moderador seguro que no lo pone
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