¿Piensas abortar? ¿Has abortado, buscas ayuda?
| El estado laico en nuestros dias. |
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| Escrito por + Mons. Abelardo Alvarado Alcántara. Léelo en 5 minutos. | |
| Viernes 03 de Septiembre de 2010 08:13 | |
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1. A propósito de que la Suprema Corte decretó que tanto los matrimonios de parejas homosexuales como su derecho a la adopción son totalmente constitucionales y las reacciones de rechazo y de censura en algunas iglesias y organizaciones sociales ha provocado, se han escuchado diversas voces que exigen la intervención de la autoridad civil para imponer severas sanciones a quienes han violado “el Estado laico”. La religión ha sido un elemento cultural de la identidad de la nación mexicana.
2. El “Estado laico” viene a ser así “el petate del muerto” (espero que con esta expresión en lenguaje coloquial no amerite una sanción por violar el Estado laico) se pretende acallar toda crítica de quienes expresan sus convicciones, especialmente aquellas que connoten alguna motivación religiosa, sobre las distintas políticas públicas que se van legislando. 3. En el fondo de esta confrontación, que aflora frecuentemente en el debate público, hay dos premisas por parte de quienes defienden el Estado laico: en primer lugar, que la religión debe quedar totalmente excluida de la vida pública y reducida a la intimidad de la conciencia individual y a lo más a los hogares; y en segundo lugar que los ministros de culto no son libres de opinar sobre asuntos que tengan que ver con la política (partidos políticos, gobierno, instituciones públicas). 4. En realidad, de acuerdo al pensamiento moderno, la laicidad del Estado no solo establece la separación entre las Iglesias y el Estado, sino también la neutralidad del Estado respecto a todas las religiones y el reconocimiento del derecho a la libertad religiosa de todo ciudadano. Ha sido ésta una de las conquistas del pensamiento moderno, especialmente a partir de una cada vez más viva conciencia en las sociedades modernas, de los derechos humanos que son anteriores al Estado, universales e irrenunciables y de una mayor sensibilidad sobre la libertad personal. La Iglesia misma ha reconocido abiertamente esta conquista. 5. En México, sin embargo, traemos una carga histórica muy fuerte de conflictos entre la Iglesia y el Estado, que ha marcado profundamente el desarrollo de nuestras leyes e instituciones públicas. Ha predominado el pensamiento liberal, muchas veces anticlerical y jacobino, que implica la convicción de que se debe excluir la religión de la vida pública y someter a las Iglesias, no sólo al imperio de la ley –lo cual obviamente es legítimo y necesario- sino subordinar en todo al Estado el ejercicio de la religión. Es ésta la concepción que se tiene del Estado laico. 6. Lamentablemente no hemos sido capaces de reconciliarnos entre nosotros y superar las fracturas y conflictos pasados, reconociendo tanto el papel del Estado en relación a asegurar con sus leyes e instituciones la convivencia social como el rol de la religión (en sus distintas expresiones y cultos) para promover aquellos valores que favorezcan la unidad y cohesión social, el desarrollo integral de la sociedad mediante la búsqueda del bien común. 7. Se ha desconocido que, querámoslo o no, la religión cristiana ha sido como una matriz cultural en nuestra patria a partir de la Conquista y especialmente a través de los tres siglos de la Colonia. La religión ha sido un elemento cultural de la identidad de la nación mexicana. En la actualidad, dada la pluralidad religiosa y el carácter laico del Estado, sigue siendo necesario clarificar cómo se va a determinar el bien común de la sociedad. Para ello se necesita tener una visión común del mundo, del hombre (principios antropológicos comunes) y de la identidad cultural de la nación (de sus tradiciones, de sus costumbres, de sus valores propios). Sólo así se podrá saber qué es lo bueno para los ciudadanos. Entonces sí corresponderá al Estado y a sus instituciones garantizar que sea el bien común el que prevalezca. 8. En el caso de México es obligado que el Estado reconozca los valores y convicciones de la sociedad mexicana, resultado de sus experiencias históricas, culturales y simbólicas. La celebración del Bicentenario debería ser una magnífica ocasión para recomponer nuestra vida social y nuestra integración como una nación moderna. |
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| Ultima actualización ( Viernes 03 de Septiembre de 2010 08:28 ) |