| “Liberar” para esclavizar |
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| Escrito por José Alberto Villasana | |
| Lunes 01 de Febrero de 2010 21:35 | |
Conferencia dictada por José Alberto Villasana* en el Foro “Daño social de los matrimonios homosexuales en México”, Ciudad de México, 27 de enero de 2010. (Filósofo, escritor, tres veces Premio Nacional de Periodismo, Caballero de la Orden de Malta).El aspecto histórico-filosófico Desde los acuerdos de Basilea, y hasta llegar a las diversas corrientes del materialismo histórico y la eugenesia del siglo XX, familias y grupos de poder han financiado la “revolución sexual” como un medio de control político, y ello porque la explotación financiera de los vicios sexuales de los seres humanos, bajo la forma de “liberación”, provoca el caos social, lo que justifica el intervencionismo y facilita el control global de la población. A ello se debe que esos grupos de poder, entre los que destaca la familia Rockefeller, inspiren y suministren ingentes medios económicos para la demolición programada de la natalidad, del matrimonio, de la familia y de la cultura. Con su enorme poder financiero han logrado, a través de la ONU, de la OMS y de diversas fundaciones, que sus objetivos subversivos se conviertan en doctrina oficial de gobiernos y organismos internacionales. La estrategia ha sido manipular la ideología considerada “liberal” y “de izquierda” para introducir en la opinión pública el concepto de los “derechos sexuales”, con la intención de promover la promiscuidad y el divorcio, favorecer la anticoncepción y la esterilización forzada, así como alterar la función del matrimonio y de la paternidad dentro de la institución familiar. Como ideología, la revolución sexual nació a principios del siglo XVII, cuando el oligarca anglo-holandés Bernard Mandeville sentó las bases de la escuela económica británica cuya premisa sostiene que los vicios privados de los seres humanos son los que generan el mercado. Al igual que el laissez-faire en economía, las primeras ideas de explotar el sexo como forma de subversión y posterior control social surgieron también durante la mal llamada “Ilustración”. Las tesis de Mandeville cobraron fuerza con la ideología hegeliano-straussiana y con el marxismo. De Hegel y Strauss adquirieron la dialéctica social: destruir para construir, “liberar” para esclavizar, provocar el caos para imponer el orden, fabricar los problemas para obligar a la opinión pública a aceptar la solución. De Gramsci tomaron la idea de que la revolución marxista nunca se realizará mientras no se produzca un proceso dialéctico en la cultura, que es el principal elemento a “deconstruir” y sustituir, al mismo tiempo que se la utiliza. Esto se logra, siguiendo la tesis gramsciana, inoculando en la opinión pública el concepto de “género”, el cual pretende establecer que las personas no se identifican por su sexo masculino o femenino, sino por la libre opción que se adopte para “autoconstruirse” mediante una “preferencia” que incluso puede ser contraria al propio sexo. Y es que para Gramsci todo es creación histórica “construcción cultural” y no naturaleza. Por ello, los homosexualistas y las feministas de género promueven la idea de que el ser humano nace sexualmente neutral, y que luego es construido socialmente en hombre o mujer. Siguiendo esa concepción, y patrocinados por los interses económicos arriba descritos, se proponen impregnar dicha idea en la educación y en los medios de comunicación, para que los niños y jóvenes puedan crecer sin que se les impongan “estereotipos” culturales “sexo-específicos”. Introducir el concepto de “género” en los organismos internacionales fue para ellos un paso importante, pues sutilmente fueron eclipsando el carácter biológico de los dos sexos, masculino y femenino, abriendo la puerta a la aceptación de la más variada actividad sexual desordenada: homosexual, lesbiana, bisexual y transexual. Después de construir el arquetipo viene la deconstrucción, afirmando que el concepto de “genero” implica clase, y que la clase presupone desigualdad. Por lo tanto, hace falta “deconstruir el género”, es decir, los roles construidos social y culturalmente. La meta es llegar a una sociedad sin clases de sexo, objetivo que coincide con los fines de la revolución marxista. Y además tiene el mismo obstáculo a combatir: el lenguaje, es decir, el lenguaje “hegemónico” universalmente aceptado, el cual, en este caso, presupone los conceptos biológicos y de naturaleza. La gente debe convencerse de que sus percepciones son en realidad meras construcciones sociales y culturales. El esquema es netamente marxista. Por ello, no hay un sólo defensor o defensora de la doctrina de “género” que no pase por “pacifista”, por “víctima” o por “defensor/a” de quienes son víctimas de ataques y discriminaciones impuestas por la injusta y discriminadora sociedad en que viven. La agenda de la lucha no parece violenta, pero en los hechos violenta las conciencias, lo cual es mucho peor. El principal campo de batalla está en la lingüística, intentando alterar el sentido de las palabras y sus connotaciones emocionales, hasta cambiar los valores, modificar el pensamiento y crear una nueva “cultura”. De allí los términos, por ejemplo, de “interrupción del embarazo” (en vez de aborto), “salud sexual y reproductiva” (en vez de anticoncepción), “pareja” o “compañero/a” (en vez de concubina/o), píldora “de emergencia” (en vez de abortiva), “preferencia” (en vez de desviación), “preembrión” (en vez de feto), “género” (en vez de sexo) y muchos otros más. El denominador común es que todos esos términos llevan a la confusión y al error a grandes masas de personas que dejan de llamar a las cosas por su nombre sin la más mínima capacidad crítica. El objetivo es deconstruir el lenguaje, para después poder deconstruir la familia, la educación, la cultura y la sociedad en su conjunto. Una vez definida la nueva ideología, en los años setenta se emprendió una campaña para que la homosexualidad dejara de ser considerada como desorden psicológico y se comenzara a considerar como un comportamiento normal, y para que se borrara del catálogo de las prácticas antinaturales y se convirtiera en una “preferencia” u opción. La explotación económica de los seres humanos, que fomenta la “liberación sexual” como instrumento para el control social global, ha sido magistralmente analizada por John Heidenry en su libro What Wild Ecstasy, y por Michael Jones en su monumental obra Libido Dominandi: Sexual Liberation and Political Control. Ambos desentrañan la historia y las estrategias de las redes internacionales para reducir el sexo a placer, y para abrir la puerta a un sinfín de relaciones antinaturales. Si algo queda claro en esos tratados es que los supuestos intelectuales “de izquierda”, que critican la globalización impulsada por los ricos del mundo son, en realidad, sus aliados estratégicos más incondicionales. El marxismo al servicio del gran capital. Un paso decisivo se alcanzó en 1973, cuando lograron que la Asociación de Psiquiatría Americana (APA) irresponsablemente y sin ninguna razón científica quitara la homosexualidad del catálogo de los desórdenes psicológicos; otro fue 20 años después, cuando la OMS también la eliminó, por decreto, del catálogo de sus enfermedades mentales. La revista TIME comentó, en 2001, que “Un sector de la población, hasta entonces considerado sexualmente patológico, fue declarado, de un golpe, mentalmente sano”. Durante esos años, millones de dólares se destinaron para que, a través de la ONU y de diversas fundaciones, se redujera la homosexualidad a un asunto privado de elección. Los principales inversionistas fueron nuevamente los Rockefeller. Conseguido esto, la estrategia para imponer legislativamente las uniones homosexuales en las naciones se ha basado en tres pasos: primero, se usa la presión mediática para cambiar la ley mediante el sofisma de que ésta atenta contra los derechos humanos de una minoría. Segundo, se cambia la definición de matrimonio. Tercero, se bombardea a la opinión pública para hacer creer que tal cambio es positivo, hasta que la sociedad aprueba que se ataque y silencie a los opositores bajo el argumento de ser “discriminadores” y “retrógados”. A partir de allí se comienza a forzar a las escuelas y a los medios masivos de comunicación a transmitir información que promueve la homosexualidad como forma de vida que se debe inculcar entre niños y jóvenes. El paso siguiente, la adopción de niños por parte de uniones homosexuales. El último paso, la aprobación y definición de matrimonio ya no como unión “entre dos personas” del mismo sexo, sino entre “varias personas” de cualquier género, como se comienza a proponer en varios Estados de la Unión Americana. El aspecto científico-social. La homosexualidad es una conducta anormal adquirida: la teoría biológica que se quizo imponer ha sido científicamente descartada. Más aún, la evidencia empírica reciente demuestra que la orientación homosexual puede cambiarse terapéuticamente. La misma APA, autora del irresponsable cambio de la definición de esa enfermedad, lo ha empezado a reconocer. En su última publicación del 2009, la APA reconoció que “los psicólogos pueden ayudarle (al paciente) a construir una identidad que rechace el poder de esas atracciones (homosexuales)”, añadiendo que “el terapeuta no es quien les pone una meta respecto a su identidad, sino que es el paciente quien llega a consulta con su meta a tratar”. Cualquier forma de aceptación jurídica de la homosexualidad trae graves consecuencias, tanto para las personas homosexuales como para la población en general. Y los argumentos no son religiosos. Es necesario invocar las evidencias científicas más avanzadas, como las publicadas en el ensayo “Matrimonio y bien común”, publicado por el Social Trends Institute, suscrito por 53 académicos de varios países. Lo primero a señalar es que la legalización de las uniones del mismo sexo, definiéndolas como “preferencia”, implica condenar al olvido a todas las personas homosexuales que podrían superar su padecimiento, al impedir cualquier tipo de ayuda psiquiátrica o psicológica. Las instituciones de salud pública en México discriminan a la población homosexual, ya que brindan terapias para otros desórdenes psiquiátricos pero no para la atracción hacia el mismo sexo. En segundo lugar, entraña la imposición, a la sociedad entera, de una conducta sexual intrínsecamente desviada, con todas las consecuencias negativas que esta tiene, lo que implica una verdadera y grave discriminación contra la mayoría. Pero, lo peor de todo, supone efectos sociales muy negativos, al desaparecer casi todos los beneficios derivados de la unión entre un hombre y una mujer, provocando daños muy perniciosos. El matrimonio es una matriz de relaciones humanas arraigadas en la complementariedad de los dos sexos y en las posibilidades de procrear, así como en la necesidad de los hijos de tener unos padres que los alimenten física, espiritual y emocionalmente. Romper o alterar esa matriz trae consecuencias nocivas tanto para los adultos como para los menores, y posteriormente para el tejido social en su conjunto. En especial, los matrimonios casados satisfacen la necesidad de sus hijos de conocer sus orígenes biológicos, los une a su padre y a su madre, y forman un ambiente de amor estable en el que determinan su identidad. Además, el matrimonio sostiene a la sociedad civil y promueve el bien común. Ante todo porque la relación de confianza que se establece de generación en generación entre las familias de los cónyuges es un componente clave del conjunto de la sociedad. Está comprobado que cuando existen rupturas o anomalías, la sociedad se ve perjudicada por un gran número de patologías sociales, aumenta la delincuencia, la pobreza, el uso de drogas, las depresiones y los suicidios. La economía y el estado democrático modernos dependen de las familias para formar a la nueva generación de contribuyentes y trabajadores productivos. Esta renovación en el desarrollo del capital humano es uno de los ingredientes principales de la economía nacional, la cual está en peligro en las sociedades con una población cada vez más envejecida y con índices de natalidad más bajos que los de mortalidad. El vínculo con el padre y la madre proporciona a los niños vínculos de confianza y capital humano que son como los cimientos de una pequeña empresa, o de grandes sociedades anónimas, y que son clave para el vigor de la economía de una nación. Cuando el matrimonio es atacado y éste se debilita o se altera, aumentan las desigualdades, ya que los niños sufren las consecuencias de crecer en hogares sin unos progenitores comprometidos con su familia. Los hijos de parejas disfuncionales o alternativas, o en familias monoparentales, tienen más posibilidades de ser víctimas de la pobreza, de la dependencia, del uso de substancias adictivas, del fracaso escolar, de la delincuencia juvenil, y de otros muchos comportamientos que conllevan a la destrucción personal y social. La evidencia empírica demuestra con claridad que las familias formadas por personas de padre y madre casados son mucho mejores para los adultos mismos, y en especial para los niños, que las familias alternativas o monoparentales. En todas las sociedades humanas el matrimonio ha tenido, y continúa teniendo, tres propósitos públicos importantes: primero, el matrimonio es la institución a través de la cual las sociedades se organizan para tener y educar a los hijos. Por ello es importante que los hijos reciban el amor y la protección de sus progenitores. Segundo, el matrimonio orienta y proporciona orden y estabilidad a las relaciones sexuales adultas y a sus consecuencias económicas, sociales y biológicas. Tercero, el matrimonio educa cívicamente, otorgando razón de ser, normas, y el rango social que orienta la vida de los hijos. Cuando el matrimonio es sano, tanto niños como adultos tienden a prosperar; cuando el matrimonio es patológico, todos los elementos de la familia y de la sociedad sufren. Durante las dos últimas décadas han surgido gran número de investigaciones científico-sociales que indican que los niños obtienen mejores resultados si son educados por sus padres y madres dentro del matrimonio. Un informe reciente de Child Trends, un órgano de investigación imparcial, resume el nuevo consenso académico sobre el matrimonio: “Las investigaciones demuestran que la estructura familiar es importante para los niños, y que la estructura familiar que más ayuda a los niños es una familia dirigida por sus dos padres biológicos en un matrimonio sin muchos altibajos”. En “Family Structure and Children’s Educational Outcomes”, la doctora Elizabeth Marquardt demuestra que los niños que han crecido en familias cuyos padres están casados tienen el doble de probabilidades de graduarse que aquellos niños que viven en una situación irregular. El matrimonio también favorece la salud emocional de los niños. Los hijos de papá y mamá casados y estables tienen menos probabilidades, cercanas al 50%, de padecer depresión o ansiedad, de consumir alcohol o drogas, o de padecer enfermedades psiquiátricas graves. Una encuesta reciente realizada por estudiosos estadounidenses y publicada en “Parents Absence or Poverty: Wich Matters More?” demuestra que la estructura familiar es más importante que la pobreza, a la hora de determinar el comportamiento psicológico de los niños. En general, los hijos que han crecido con sus propios padres y madres están más preparados para afrontar el mundo con esperanza, confianza y dominio de sí mismos, que aquellos que viven en una situación anormal. El matrimonio también es importante para vincular a los niños con sus padres biológicos y obtener una base sólida para su propia identidad, como lo revela Kyle Pruette, psiquiatra de la Universidad de Yale. También se ha demostrado que la presencia del padre y de la madre es clave para el bienestar psicológico, afectivo y sexual de los hijos. En las niñas, la ausencia del padre hace más propicio el abuso y quedar embarazadas en la adolescencia, como demuestra Bradford Wilcox en “Why Marriage Matters”, y los niños sin familia íntegra tienen más posibilidades de tener problemas de agresión, falta de atención, delincuencia y tener que abandonar la escuela que niños en situación normal, como lo demostró, en 2005, el Dr. Paul Amato, sociólogo de la Universidad de Penn State, en su estudio “The Future of Children”. Otro estudio, de los doctores Cynthia Harper y Sara McLanahan, intitulado “Father Absence and Youth Incarceration” y publicado en 2004 en la revista “Journal of Research on Adolescence”, descubrió que los niños que crecen en familias desintegradas o alternativas tienen el doble de probabilidades de acabar en prisión que los que crecen en familias íntegras. El matrimonio también es importante para que padre y madre se vinculen biológicamente con los hijos de forma diferenciada y complementaria. Durante el embarazo y la lactancia, las madres experimentan un alto grado de oxitocina, un péptido con función hormonal que fomenta el sentimiento filial, propiciando una mejor educación física y sentimental. Los padres en cambio, con mayor nivel de testosterona, propician el animar a los hijos a realizar tareas difíciles y superar los problemas sin rendirse. La diferencia biológica y complementaria también es importante para el desarrollo sexual de los adolescentes y jóvenes de forma diferenciada y ordenada. En resumen, las pruebas demuestran que los niños que crecen en familias formadas por parejas de padre y madre casados, superan cada etapa de la vida con más éxito que aquellos que crecen en familias con estructuras rotas o alternativas. Es decir, tanto los mecanismos biológicos como los sociales, según se demuestra cada vez más de forma científica, justifican el valor del matrimonio y la presencia de padre y madre en la vida de los niños. Por otro lado, las consecuencias públicas y del sistema judicial, sobre todo en términos de costos para el Estado, debería mover a los políticos a defender el matrimonio y a evitar que se facilite el divorcio o se promueva la legalización de la unión entre personas del mismo sexo. Aquí también, las investigaciones empíricas sugieren documentadamente que la situación anormal en el matrimonio induce gran parte del delito. George Akerlof, premio Nobel en Economía, argumenta que el aumento de delitos está directamente relacionado con el declive del matrimonio. Robert Sampson, sociólogo de la Universidad de Harvard, a partir de su investigación sobre el delito urbano, concluye que los índices de asesinatos y robos guardan una estrecha relación con la estructura familiar. Es esta estrecha relación la que deriva en un aumento del gasto en la lucha contra el crimen, las cárceles y el entero sistema penal, siendo que también ha provocado que México se convierta de ser país de paso del narcotráfico, a ser país de consumo de droga, sobre todo por parte de jóvenes. Otro estudio elaborado por los doctores Smeeding, Moynihan y Rainwater demuestran que países con elevado índice de matrimonios irregulares, como Suecia y Dinamarca, invierten más dinero en bienestar social, como porcentaje de su PIB, que países con índice más bajo. También estudios realizados por David Popenoe y Alan Wolf indican que el aumento de gastos estatales se asocia a una disminución en la fuerza del matrimonio y de la familia. En definitiva, la alteración del matrimonio parece suponer la existencia de un Estado más caro y más intervencionista; además, la ruptura de la familia conlleva el aumento en la miseria sobre todo de las comunidades desfavorecidas, lo que parece provocar una mayor intervención por parte del Estado. “Es un círculo vicioso, concluye la publicación del Social Trends Intitute, que sólo se puede acabar con la recuperación del matrimonio”. Conclusiones 1- El matrimonio es sexualmente diferenciado y complementario por naturaleza. Hombre y mujer dan un significado de unión a la libido sexual y a todas sus facultades individuales. La proximidad emocional, espiritual y psicológica de los cónyuges sobreviene cuando tiene lugar la extraordinaria unión biológica entre un hombre y una mujer unidos en matrimonio. Hombre y mujer están hechos para complementarse entre ellos, con el fin de encontrar unidad en complementariedad, y complementariedad en la diferencia sexual. El amor conyugal encuentra su mayor realización y expresión en la procreación, y se prolonga en la educación y la estabilidad psicológica y emocional brindada a los hijos. Los niños encuentran en su padre y en su madre la seguridad y el apoyo que necesitan para desarrollar su mayor potencial. 2- La homosexualidad es una enfermedad adquirida, una patología que puede ser curada mediante una terapia adecuada. Las personas homosexuales necesitan ayuda, no promoción, y quienes merecen el rechazo total de la población son los homosexualistas, que quieren imponer a nuestra sociedad la homosexualidad como una opción de vida. Los homosexuales tienen todo el derecho de vivir como quieran, pero no tienen el derecho de redefinir el matrimonio para todos los demás. 3- Los académicos, escritores, científicos, artistas, líderes de opinión y todos aquellos que se guían por la razón, no deben dejarse llevar por prejuicios intimidantes y subversivos que obedecen a intereses económicos extranjeros y que llevan a una esclavitud política con el pretexto de “liberar”. Por el contrario, deben exponer incansablemente las evidencias científicas que derivan del precioso bien del matrimonio y de la familia. 4 - Los ciudadanos, en virtud de que el matrimonio está pública y estrechamente relacionado con el bien común, con una sociedad sana y próspera, y con un Estado justo y probo que no tenga que fiscalizar adicionalmente a sus contribuyentes a causa del perjuicio ocasionado al matrimonio y a la familia, deben retirar su voto, sin miramiento alguno, de todos aquellos políticos que no defiendan el matrimonio y la familia, para dárselo en cambio a aquellos que sí lo hagan. Está de por medio nuestro bienestar presente, y está de por medio el futuro de nuestros hijos. |
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| Ultima actualización ( Lunes 01 de Febrero de 2010 21:50 ) |