A+ R A-

La vida de familia es puesta a prueba

Correo electrónico Imprimir PDF
Un ángel se apareció en sueños a José. Antes o después, de varios modos, la vida de familia es puesta a prueba. Entonces se requiere sabiduría, discernimiento y esperanza, mucha esperanza, a veces más allá de toda humana evidencia. El sufrimiento, el límite y el fracaso forman parte de nuestra condición de criaturas, marcada por la experiencia del pecado, ruina de toda belleza, corrupción de toda bondad. Esto no significa que estemos destinados a sucumbir; es más, la aceptación de esta condición nos estimula a confiar en la presencia benévola de Dios que sabe hacer nuevas todas las cosas.


El pasaje evangélico describe con tonos dramáticos el viaje de una familia, la de Jesús, aparentemente semejante a muchas otras: el pequeño está en peligro, hay que emprender en seguida, de noche, el viaje hacia una tierra extranjera. Así la joven familia se ve obligada a encaminarse por un camino imprevisto, complicado, inquietante. Es lo que sucede también hoy a muchas familias, obligadas a dejar sus casas para poder ofrecer a sus hijos un contexto de vida mejor y para tratar de evitarles los peligros del mundo que los rodea. Pero quizás el relato de la huida a Egipto alude a un hecho más universal, que toca a todas las familias: la necesidad de emprender el viaje que lleve a los padres hacia su madurez y a los hijos a la edad adulta, conscientes de su vocación; lo cual, a menudo acontece al precio de decisiones también dolorosas. Es el viaje del formar familia, del engendrar y educar a los hijos: un camino arduo, difícil, exigente, en el cual las numerosas dificultades de las que ninguna familia es preservada a veces pueden desalentar.

En el relato evangélico Jesús se va siendo un niño y, cuando regresa, adquiere su nombre de adulto: «será llamado Nazareno» (v. 23), título que ya prefigura su destino de cruz; así del viaje de cada familia, en el cual los padres maduran, nacen hijos adultos, capaces de asumir en primera persona su vocación. De este viaje de familia, los actores principales son los padres, especialmente el padre, llamados a predisponer buenas condiciones de vida para los hijos. La necesidad de marcharse es referida a José con el lenguaje de los sueños. En sueños (Mt 1, 20-21) ya se le había anunciado el embarazo de María y le había llegado la invitación a acogerla y tomarla consigo (cf. Mt 1, 20-21).

Sobre José sabemos poco, pero una cosa es segura: «era justo» (Mt 1, 19). La justicia, virtud de las relaciones interpersonales, sitúa en el primer lugar la salvaguardia del prójimo; así José, que era justo, había decidido repudiar a María en secreto en lugar de exponerla al juicio público. En la sencillez de su corazón sabe entrever el plan de Dios y captar en los acontecimientos de la vida de familia la mano divina. Es fundamental saber «escuchar a los ángeles», discernir espiritualmente los acontecimientos y los momentos de nuestra vida familiar, para cuidar, favorecer y restablecer siempre las relaciones.

En efecto, la familia vive de buenas relaciones, de miradas positivas de unos a otros, de estima y de aliento recíprocos, de defensa y protección: de este clima derivan el atento discernimiento y la pronta decisión que pone a salvo la vida de un hijo. Esto vale para toda familia, para las que viven una situación concreta de peligro, pero asimismo para las que se encuentran en situaciones aparentemente más seguras: los padres deben estar atentos a la vida buena de los hijos, protegerles de las insidias y los peligros.

El ángel invita a despertarse, tomar, acoger, huir… y fiarse, permaneciendo en tierra extranjera hasta que lo dice Él, el Señor.

José asume sus responsabilidades, es protagonista de lo que le sucede, pero no se siente solo, porque cuenta con la mirada de Aquel que provee a la vida de los hombres. La confianza en Dios no exime de la reflexión, de la valoración de las situaciones, del complejo recorrido de la decisión, más bien hace posible vivir en todas las situaciones sin desesperarse o resignarse nunca. José está despierto, es capaz de hacer frente a los acontecimientos y proteger la vida de la madre y del niño; pero actúa también en la plena conciencia de que le ayuda la protección eficaz de Dios.

2.       Toma contigo al niño y a su madre. José obedece, toma al niño y a su madre y los aleja de la situación de peligro. El rey Herodes, que debía ser garante de la vida de su pueblo, de hecho se ha transformado en el perseguidor del cual huir. También hoy, la familia se enfrenta a insidias peligrosas y solapadas: sufrimiento, pobreza, prepotencia, pero también ritmos de trabajo excesivos, consumismo, indiferencia, abandono y soledad… El mundo entero puede presentarse como hostil, adversario de la vida de los más pequeños de muchas formas. Todos los padres querrían hacer que el mundo fuera más fácil, más habitable para sus hijos y mostrarles que la vida es buena y digna de ser vivida.

Los cuidados que dispensamos a los hijos en su primera infancia están motivados por este deseo: los padres se disgustan si sus hijos lloran, sufren y hacen de todo para aliviar su dolor. Hacen lo que pueden a fin de que la vida para sus hijos sea bella, sea un don, sea bendita en nombre de Dios. Este es el significado del viaje a Egipto: la búsqueda de un lugar seguro más allá de la noche, que proteja de las insidias, preserve de la violencia, readmita a la esperanza, permita conservar una buena idea de Dios y de la vida.

A esta obra parece llamado en primer lugar el padre: él es quien se despierta y toma la iniciativa. A José se le encomiendan el hijo y la madre; él sabe que deberá llevarlos a ambos a Egipto, a un lugar seguro. «Toma al niño y a su madre», dice el ángel, dos veces, y el texto retoma otras dos veces estas palabras. Suenan como un aliento a los padres a superar las incertidumbres, a actuar, a hacerse cargo del niño y de la madre. Hoy las ciencias humanas están redescubriendo la importancia decisiva de la figura paterna para el crecimiento integral de los hijos.

El padre –sugiere el texto– encuentra su identidad y su papel cuando custodia a la madre, o bien cuando cuida la relación de pareja. Sabemos bien que el entendimiento de los padres es decisivo para proteger, custodiar, alentar a los hijos; sabemos también cuán difícil es para el hombre custodiar a la mujer de las mil noches de la soledad, del silencio y de las incomunicabilidades. También estas, mirándolo bien, son insidias que hacen la vida más «difícil» para los hijos.

3.         Se refugió en Egipto. El viaje de una familia: partir, marcharse de una tierra hostil hacia una más habitable, Egipto, que en su tiempo había sido tierra de esclavitud y sufrimiento, pero también lugar de la revelación del amor del Señor para su pueblo Israel.

Egipto llena de pensamientos la memoria de Israel: es la tierra en la que fueron acogidos Jacob y sus hijos y antes aún su hijo José, vendido por sus hermanos; es la tierra en la que el pueblo sufrió la esclavitud y experimentó la liberación. También Moisés había huido de esa tierra que lo había acogido. El ángel pide a José que ponga a salvo al niño precisamente allí, casi como para decir que, reconsiderado y habitado con esperanza y confianza, incluso un lugar de muerte puede convertirse en una cuna para la vida. Pero para que esto suceda es necesaria la valentía de regresar y la decisión de habitar en aquel lugar difícil, sostenidos por la confianza en el Dios de la vida. La fe en Dios es capaz de hacer nuevas todas las cosas y de restituir vitalidad a las familias.

José parte «de noche». De noche no se ve nada, somos como ciegos; pero se puede escuchar y oír la voz que sostiene y alienta.

Son numerosas las «noches» que caen sobre la vida de familia: las noches pobladas de sueños, buenos y malos; las que ven a la pareja ir a tientas en la oscuridad de una relación que se ha hecho difícil; la de los hijos en crisis, que se encierran en el mutismo, o adoptan una actitud distante, acusadora y rebelde… casi irreconocibles.

Todas estas noches –enseña el relato de la huida a Egipto– se pueden atravesar llevando al hijo a lugar seguro cuanto más se mantienen con confianza los oídos atentos a la Palabra del Señor.

A los padres se les pide que custodien a los hijos de las numerosas noches de su relación, de sus problemas, y de las noches de sus propios hijos, a veces muy dolorosas, a causa de sus decisiones contrarias al bien. Especialmente en estos momentos, el padre se hace cargo del hijo, conservando la certeza, también ante los ojos afligidos de la madre, de que encontrará para él un lugar de refugio.

Este refugio es, con frecuencia, el mismo corazón del padre y de la madre, donde la imagen del hijo se conserva intacta y donde los padres encontrarán la paciencia y la esperanza para seguir amándolo.

Jesús muere en Jerusalén, en la misma tierra de la cual es alejado para ser protegido, por mano del mismo poder del cual sus padres lo liberaron. Llega un momento en la vida de familia en el que los padres deben retirarse. Cuando han cumplido su servicio, acompañando al hijo a reconocer su vocación, es bueno que se hagan a un lado, dejando que se cumpla la voluntad de Dios. La familia no es eterna, y después de haber acompañado al hijo a esperar en la bondad de la vida recibida, debe alentarlos a marcharse, a seguir caminando por su camino. Los padres dan prueba de su sabiduría en la discreción de su presencia, en el hacerse a un lado que nunca es un abandono, sino una forma de estima y de libertad que prepara el futuro del mundo.

También en sueños, José comprende que ha llegado el momento de reconducir a la familia a la tierra de Israel. Sabiamente toma las medidas necesarias, evalúa la situación y decide –iluminado por una misteriosa profecía– establecer su morada en Nazaret, un lugar más seguro respecto a Judea. El sueño es nuevamente lugar de revelación y de victoria contra las hostilidades y la violencia, aunque invisible y casi inconsistente, se convierte en lugar del discernimiento atento y valiente, logrando derrotar la mucho más evidente y sólida arma del poder. Nada puede poner en jaque a la Providencia de Dios, capaz de salvar de las situaciones más difíciles y peligrosas a todos aquellos que se confían a ella. Él está presente en las noches de nuestras familias, y en la trama escondida y a veces oscura de los acontecimientos, teje su designio de salvación.

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar

Lo mas leido...