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Eutanasia

Londres • Un hombre que se creía que se encontraba en estado vegetativo desde hace más de una década ha podido comunicarse por primera vez con los médicos a través de un escáner y les afirmó que “no siente dolor”, informó ayer la cadena pública británica BBC.

Scott Routley, un canadiense de 39 años que sufrió un accidente de automóvil hace 12 años, es uno de los pacientes en Reino Unido y Canadá con graves daños cerebrales cuya evolución ha seguido el programa de investigación Panorama, elaborado por dicha cadena británica, que se emitió ayer con el título: “El lector de la mente: liberando mi voz”.

 

 

Se trata del primer caso en el que un enfermo que sufre graves daños cerebrales y que además carece de capacidad de comunicación ha podido dar respuestas clínicamente relevantes al equipo de especialistas que lo atendía.

Raíces de la eutanasia

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Hace poco, saltó la polémica por la muerte provocada a la italiana Eluana Englaro. ¿De dónde ha salido la idea de eutanasia, que tanto muertos ha provocado con y sin normativa estatal? Se ha prodigado la frase “calidad de vida”, y se termina pensando que el valor de la vida depende de su bienestar. No somos cosas sino personas y todos de la misma dignidad.

Ricos y pobres, sanos y enfermos, nacidos y no nacidos, adultos y jóvenes, ancianos y niños, somos todos dignos de atención y de aprecio, y más cuando somos más frágiles; incluso el delincuente tiene dignidad como persona y la sociedad debe rescatarle de su mala conducta.

Calificar la eutanasia llamándola activa o pasiva, directa o indirecta, voluntaria o involuntaria, o suicidio asistido sólo logra confundir.
 

Verdadera vida, siempre digna

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Motivado por un testimonio que acabo de leer, al respecto de una persona que ha estado tetraplégica, sin movilidad alguna, salvo por la cabeza, quiero compartir contigo este testimonio de vida al respecto de quienes pretenden legalizar la eutanasia, que algunos han llamado ¨muerte con dignidad¨, bajo el falso argumento de que hay casos en que la vida no es digna de ser vivida.
 
 
Luis de Moya a los 31 años de edad tuvo un accidente automovilístico que casi le costó la vida.
 
Diecinueve años aguantó en coma. El polaco Jan Grzebski, de 65 años, ocupó un lugar destacado en los medios de comunicación de todo el mundo. Y por un hecho extraordinario: despertó de su larga ausencia física, que no espiritual.

Ferroviario de profesión, en 1988 sufrió un gravísimo accidente laboral. Y cayó en un profundo coma. Pero despertó y recuperó la conciencia por completo. Dice que durante estos años fue consciente de todo lo que pasaba a su alrededor, aunque no podía moverse ni hablar.

Su mujer Gertruda nunca lo abandonó. Su profunda fe en Dios le hacía confiar en un milagro: que su marido y padre de sus hijos volviera a la vida. Ella nunca perdió la esperanza en Dios. Y se opuso rotundamente a la aplicación de la eutanasia, para que Jan no sufriera, le decían. No lo aceptó porque tenía fe y creía que su marido sanaría.
Gran confusión para todos los eruditos que, cegados por su soberbia, creían estar en posesión de la verdad, del bien y del mal, de los destinos del ser humano.

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