¿Piensas abortar? ¿Has abortado, buscas ayuda?
| ¿Cómo puedo estar seguro de que Dios me está llamando a la Vida Religiosa? |
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| Escrito por Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María y Monseñor Charles M. Mangan. Léelo en 10 minutos. | |
| Lunes 01 de Agosto de 2011 15:27 | |
Aqui encontrarás las respuestas a algunas de las preguntas planteadas con frecuencia por las personas que quieren saber más de la Vida Religiosa. 1. ¿Cómo puedo estar seguro de que Dios me está llamando a la Vida Religiosa? Si permaneciendo fiel a la oración, a los Sacramentos y a la guía de un Director Espiritual, sigues teniendo el llamado a la Vida Religiosa, tu vocación será confirmada en gran medida por el Instituto Religioso en el cual deseas entrar. La Beata María Teresa de Calcuta (1910-1997), conocida en todo el mundo como Madre Teresa, diría que una persona llamada por Dios sabía en su corazón que él o ella fue llamado, pero con frecuencia, simplemente no era capaz de expresarlo. Encontrar la propia vocación requiere emprender un doble camino: adentrarse en el propio corazón y adentrarse en el Corazón de Dios. No podemos encontrar nuestra vocación fuera del amor a Dios y de nuestra relación personal con El, ya que todas las vocaciones provienen de El. Cuando nosotros fuimos creados por el Señor, fuimos creados para y con un propósito —una manera específica de vivir nuestro amor por El y por los demás, y de esta manera crecer en santidad. Esta es nuestra vocación. 2. ¿Sería feliz si no respondo a mi vocación para la Vida Religiosa? La felicidad es el resultado de una vida de fidelidad a la gracia. Mientras más grande es la fidelidad, más grande es la experiencia de la felicidad. Por consiguiente, la fidelidad a la gracia de una vocación religiosa, cuando es nuestro camino personal a la santidad y a la perfección, traerá la mayor felicidad posible. Alguien que ha sido llamado y, por diversas razones, elige deliberadamente no responder a la gracia de una vocación a la Vida Religiosa, puede experimentar algún grado de felicidad si él o ella son fieles a la gracia que viene de la llamada común que cada uno recibe en el Bautismo; sin embargo, él o ella no podrán experimentar la plenitud para la cual él o ella han sido creados. “Durante su vida terrena, Jesús llamó a quienes Él quiso, para tenerlos junto a sí y para enseñarles a vivir según su ejemplo, para el Padre y para la misión que el Padre le había encomendado (cf. Mc 3, 13-15). Inauguraba de este modo una nueva familia de la cual habrían de formar parte a través de los siglos todos aquellos que estuvieran dispuestos a « cumplir la voluntad de Dios » (cf. Mc 3, 32-35). Después de la Ascensión, gracias al don del Espíritu, se constituyó en torno a los Apóstoles una comunidad fraterna, unida en la alabanza a Dios y en una concreta experiencia de comunión (cf. Hch 2, 42-47; 4, 32-35). Las personas consagradas, en efecto, viven « para » Dios y « de » Dios. Por eso precisamente pueden proclamar el poder reconciliador de la gracia, que destruye las fuerzas disgregadoras que se encuentran en el corazón humano y en las relaciones sociales.” Siervo de Dios, Juan Pablo II. Vita Consecrata 41 3. ¿Podría tener una vocación a la Vida Religiosa si siempre deseé casarme y tener niños? La palabra clave aquí es “deseé”. Si esto significa que siempre apreciaste la belleza del Sacramento del Matrimonio y estimabas el don de los hijos, entonces, claro que sí, podrías tener una vocación a la Vida Religiosa. Si, por el otro lado, desde siempre había una atracción particular hacia el matrimonio y nunca experimentaste ninguna inquietud sobre la Vida Religiosa, probablemente estás llamado o llamada al matrimonio. La mayoría de nosotros nacimos en el contexto de la vocación matrimonial. Por lo tanto, es la primera vocación que conocemos y experimentamos. Además, hoy casi todos los padres educan a sus hijos con la mentalidad de que la vida matrimonial es la opción que se espera de ellos, quizás la única opción. Es posible que, habiendo siempre considerado que nuestro llamado era el matrimonio, en algún momento podamos descubrir el don de la vocación a la Vida Religiosa. Durante la etapa de la juventud es vital mantener el corazón y la mente abiertos a la posibilidad de ser llamados a una mayor comunión de vida con el Señor, tal y como se vive en la Vida Religiosa. Esta apertura es signo de una generosidad particular de corazón. No debemos tener miedo de ser llamados a una mayor intimidad con Jesús. La tarea del discernimiento es precisamente evaluar y considerar, a la luz de Dios y bajo la guía de un director espiritual, los deseos más profundos presentes en el corazón. 4. ¿Con quién debo conversar sobre mis deseos acerca de la Vida Religiosa? Tu director espiritual es la persona ideal con quien conversar sobre estos deseos. Si no tienes un director espiritual, es recomendable compartir tus inquietudes con tu párroco o con algún religioso o religiosa, con quien puedas discernir los movimientos del Espíritu Santo en tu alma. 5. ¿Es una buena idea que termine mis estudios universitarios antes de ingresar en la Vida Religiosa? Esta es una pregunta difícil de responder. Depende de cómo es el llamado que el Señor hace a una persona en particular y de los requisitos del Instituto Religioso al que desea entrar. Tener una carrera es valioso, aunque no absolutamente imperativo. Tenerla sería beneficioso, ya que ayudaría tanto en el proceso de madurez de la persona como en el discernimiento vocacional. La experiencia que se adquiere en la formación universitaria puede ayudar a desarrollar nuestras cualidades naturales. Ahora bien, la decisión de “cuándo” entrar es de ambas partes, de la persona en la medida en que discierne la invitación de Cristo y también del Instituto Religioso al cual desea pertenecer. 6. ¿Es la edad un factor importante para ingresar en un Instituto Religioso? Sí. De acuerdo al Código de Derecho Canónico (Canon 643, §1, 1°), es imposible entrar al noviciado antes de los 18 años. Cada Instituto Religioso tiene sus reglas o requisitos, y cada uno tiene una edad específica para ingresar. También es posible encontrar Institutos Religiosos que permitan el ingreso de una persona después de los 35 años de edad. “Como Pablo, considera que todo lo demás es « pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús », ante el cual no duda en tener todas las cosas « por basura para ganar a Cristo » (Flp 3, 8). Su aspiración es identificarse con Él, asumiendo sus sentimientos y su forma de vida. Este dejarlo todo y seguir al Señor (cf. Lc 18, 28) es un programa válido para todas las personas llamadas y para todos los tiempos. Siervo de Dios, Juan Pablo II, VC 18 7. Si mis padres no están de acuerdo con mi vocación religiosa, ¿estaría actuando en contra del Cuarto Mandamiento si persisto en mi vocación? Abrazar la vocación religiosa aunque fuese en contra de tus padres no es faltar al Cuarto Mandamiento. El mismo Dios que te llama a “honrar a tu padre y a tu madre” (Éxodo 20,12) en el Cuarto Mandamiento, también te llama en el Primer Mandamiento a “amar a Dios sobre todas las cosas” (Éxodo 20, 2-6). Obviamente, debes escuchar las preocupaciones de tus padres con amor, respeto y atención; sin embargo, no será un acto de desobediencia el responder positivamente a la vocación religiosa, porque es Jesús quien está llamándote. “El Hijo, camino que conduce al Padre (cf. Jn 14, 6), llama a todos los que el Padre le ha dado (cf. Jn 17, 9) a un seguimiento que orienta su existencia. Pero a algunos —precisamente las personas consagradas— pide un compromiso total, que comporta el abandono de todas las cosas (cf. Mt 19, 27) para vivir en intimidad con Él y seguirlo adonde vaya (cf. Ap 14, 4). En la mirada de Cristo (cf. Mc 10, 21), «imagen de Dios invisible» (Col 1, 15), resplandor de la gloria del Padre (cf. Hb 1, 3), se percibe la profundidad de un amor eterno e infinito que toca las raíces del ser. La persona, que se deja seducir por él, tiene que abandonar todo y seguirlo (cf. Mc 1, 16-20; 2, 14; 10, 21.28).” Siervo de Dios, Juan Pablo II. Vita Consecrata 18 8. ¿Por que hay diferentes carismas en los distintos Institutos Religiosos que existen en la Iglesia y cuál es el propósito de ello? Un “carisma” (del griego charisma) es un poder extraordinario dado por, y manifestado por el Espíritu Santo para la gloria de Dios y el bien de la Iglesia. Es un don particular concedido por el Consolador a un Instituto Religioso, que está en relación íntima con la misión y espiritualidad del instituto. Hay diferentes carismas en los diversos Institutos Religiosos en la Iglesia, por lo que cada carisma es una respuesta del Espíritu Santo a una necesidad particular de la Iglesia y del mundo en un momento determinado de la historia. Además, cada carisma refleja un misterio particular de la vida de Cristo. Viviendo este misterio, los miembros de cada Instituto Religioso hacen presente una vez más la potente fecundidad que brota del Corazón de Cristo. “Los carismas de la vida consagrada pueden contribuir poderosamente a la edificación de la caridad en la Iglesia particular. Las diversas formas de vivir los consejos evangélicos son, en efecto, expresión y fruto de los dones espirituales recibidos por fundadores y fundadoras y, en cuanto tales, constituyen una «experiencia del Espíritu, transmitida a los propios discípulos para ser por ellos vivida, custodiada, profundizada y desarrollada constantemente en sintonía con el Cuerpo de Cristo en crecimiento perenne». La índole propia de cada Instituto comporta un estilo particular de santificación y de apostolado, que tiende a consolidarse en una determinada tradición caracterizada por elementos objetivos. Por eso la Iglesia procura que los Institutos crezcan y se desarrollen según el espíritu de los fundadores y de las fundadoras, y de sus sanas tradiciones.” Siervo de Dios, Juan Pablo II. Vita Consecrata 48 9. ¿Podré utilizar mi título universitario si entro a la Vida Religiosa? La respuesta es ambas, sí y no, por varias razones. Primero, la invitación de Dios a la Vida Religiosa es una llamada al discipulado, la cual exige la buena voluntad de vivir no para sí mismo, sino para Su Reino. Por consiguiente, no es un asunto de “carrera personal”, sino de la disposición de poner la formación que uno ha recibido al servicio de Cristo y de Su Santa Iglesia. Segundo, la llamada del Señor a la Vida Religiosa siempre dirige a un carisma específico. Muchas veces, nuestros dones o la formación que hemos recibido nos ayudará a descubrir una llamada a un Instituto Religioso específico, donde será posible que un religioso que ha profesado pueda servir dentro de su campo de preparación. No obstante, nunca debemos olvidar que el gozo de la Vida Religiosa no tiene como meta el ideal de la realización personal, sino el ofrecimiento sincero y libre de nosotros mismos a Jesucristo y a otros. 10. ¿Cómo sé cuál es el carisma en el cual mi vocación florecerá? Una vocación es como una semilla que el Señor planta en nuestros corazones. Si la semilla debe prosperar y dar frutos, debe ser plantada en el suelo para el cual fue creada. Este suelo es similar al carisma específico de un Instituto Religioso. Así, el discernimiento de una vocación a la Vida Religiosa no significa simplemente descubrir si una persona tiene una vocación, sino también descubrir dónde existe el carisma en el cual su vocación debe ser vivida. |
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| Ultima actualización ( Lunes 01 de Agosto de 2011 17:41 ) |