¿Piensas abortar? ¿Has abortado, buscas ayuda?
| ¿Son las relaciones homosexuales un amor verdadero? |
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| Escrito por www.ubiamoribioculus.blogspot.com. David Morrison. Léelo en 5 minutos. | |
| Lunes 28 de Junio de 2010 15:58 | |
Usando estas definiciones más precisas para los diferentes tipos de amor, ¿podemos entender que las relaciones homosexuales expresan un amor real? Si es así, entonces, ¿en qué sentido se puede decir que lo hacen? Si no, entonces, ¿por qué? Las personas que viven con una atracción homosexual, ¿«muestran la imagen de Dios en acción» cuando «buscan y expresan intimidad y amor», como dice la afirmación de Dignity sobre la ética sexual? Ciertamente, puede ser que las relaciones homosexuales activas, así como el sexo fuera del matrimonio en general, parezcan expresar el amor erótico o su hijastro, el amor romántico. Todos los síntomas están presentes. Aunque el amor erótico o romántico es la forma más emocional y menos racional de todas las formas de amor de las que hemos hablado, es, con todo, un modo de amor y continúa estando, al menos indirectamente, relacionado con los demás tipos. El amor erótico es semejante al ágape del mismo modo que los hermanastros son hermanos entre sí. Comparten al menos uno de los padres entre ellos, y cada uno conserva crucialmente la fuerza del otro progenitor. Sin embargo, el eros tiene una apariencia y una personalidad muy distintas. Como hemos mencionado brevemente un poco más arriba, el amor erótico es el que corre el riesgo más grande de ser maltratado y tergiversado. El amor erótico, por tratarse principalmente de deseo, tiene todas las posibilidades de objetivar al amado. Esto significa que el amor erótico puede olvidar que el amado es una persona, un yo, y por ello, un sujeto propio de acciones, emociones, esperanzas y sueños. Las personas no pueden nunca convertirse en un medio que se puede usar para alcanzar los fines deseados, sean estos fines sexuales, sociales o económicos. Pero, dada la fuerza del amor erótico, ¿no ocurre siempre esto? ¿No es toda expresión sexual, por estar basada en el deseo, una objetivación por definición? Bueno, ciertamente puede serlo. Los santos y la Iglesia siempre han aconsejado a las personas casadas que emprendan un examen de conciencia periódico, honesto y completo acerca de cómo ven y aman a sus cónyuges. Pero, a través de la fertilidad y el matrimonio, Dios ha dado una especie de contrapeso a la tendencia natural que hace del amado un sustituto de Dios (un ídolo) o un objeto (un instrumento para un fin sexual o emocional). Cuando las parejas casadas hacen el amor sin métodos anticonceptivos artificiales, canalizan el eros dentro de un amor profundo y multidimensional que va contra la tendencia que cada uno tiene a objetivar al otro. Cuando una pareja ha decidido usar métodos naturales ya sea para espaciar los embarazos o para concebir un niño, cada uno reconoce la plena humanidad del otro en el momento de expresarse sexualmente. Un marido en esta situación no puede ver a su mujer, en primer lugar, como un instrumento para su placer sexual porque ya se ha comprometido -intelectual, física y espiritualmente- a reservar su expresión sexual para unos tiempos establecidos por los ritmos naturales de su esposa. Ya ha reconocido su existencia como persona mucho antes de que vayan a la cama. Igualmente, una mujer comprende a su marido como mucho más que un mero «semental» o como el hombre que ella desea sexualmente; lo comprende también como el hombre cuyo amor puede cambiar físicamente su vida dejándola encinta. Cada uno de los dos comprende que el otro tiene un rol y una identidad que va más allá de la que da y urge el eros. Cuando las parejas heterosexuales utilizan la contracepción, o cuando las parejas homosexuales tienen relaciones sexuales, apartan de sí dicho contrapeso, dejando espacio libre al amor erótico para idolatrar y objetivar al otro. En cada caso, se puede decir que la objetivación empieza incluso antes de que la pareja comparta cualquier acto sexual. En el caso de la pareja heterosexual, la objetivación comienza en cuanto el hombre o la mujer deciden (consciente o inconscientemente) que satisfacer un deseo sexual inmediato es más importante que amar y respetar a su pareja como una persona plenamente humana y totalmente fértil. Usando métodos anticonceptivos para impedir o suprimir la plena expresión sexual, aparta de su pareja la plena comunión humana que el acto sexual ha de representar. De igual manera, cuando un hombre o una mujer contemplan la posibilidad de tener relaciones sexuales con alguien de su mismo sexo, hacen algo similar. Ya sea consciente o inconscientemente han decidido que tener relaciones con tal o cual persona tiene más importancia que considerar que un acto así significa, en realidad, que se ama a la totalidad de la persona, tal y como Dios la ha creado. Una persona que tiene relaciones con otra sigue siendo un hombre o una mujer, y su sexualidad sigue estando creada por Dios para algo mucho más profundo e importante que el mero hecho de proporcionar placer al otro. Por supuesto, esta comparación tiene sus límites. El simple hecho de renunciar a la contracepción, por ejemplo, no garantiza a una pareja heterosexual que no se vayan a objetivar o deshumanizar mutuamente de un modo u otro fuera de la cama. O el simple hecho de tener relaciones homosexuales no cierra a los amantes homosexuales la posibilidad de tratarse el uno al otro como personas plenamente humanas en otras áreas de su amistad. Pero en lo que son esos actos en sí mismos, el sexo heterosexual contraceptivo comparte con los actos homosexuales una posibilidad mucho mayor de objetivación y deshumanización. Cada uno a su manera se aleja de la verdadera unión que Dios quiso hacer posible a través de las relaciones sexuales. Las parejas heterosexuales que usan la contracepción trastornan una expresión que, si no fuera así, estaría ordenada al bien humano. Los actos homosexuales son una expresión desordenada de una inclinación que no es y no puede ser ordenada al bien humano. Sospecho que esta realidad (que las relaciones homosexuales objetivan por definición y que la contracepción tiende a objetivar en la práctica) puede ser una razón importante por la que muchas parejas, tanto heterosexuales como homosexuales, tienen problemas para que sus relaciones duren mucho tiempo. Los seres humanos modernos, en especial, los del Primer Mundo, se aburren soberanamente y tienen frecuentemente necesidad de diversiones. En otras circunstancias, tenderíamos a proporcionar mucha de esa diversión, en especial, a los que uno ama. Pero el objetivar a los seres humanos hace lo que la propia palabra dice: convertirlos en objetos. Y los objetos, como sabemos bien, pierden invariablemente su novedad y su lustre con el paso del tiempo. Me acuerdo de que, cuando era aún sexualmente activo, esta aparente dicotomía me dejaba perplejo. Sabía que amaba a mi pareja a diferentes niveles. Sabía que me parecía un compañero de cama sexy y apasionado. Sabía que nuestras relaciones sexuales podían alcanzar cimas reales de emoción y de deseo. Pero entonces, aún apasionado o meramente adormilado, cuando el acto sexual había llegado a su fin y todo lo que quedaba era lo que luego había que limpiar, no podía entender por qué parecía haber una especie de decepción. ¿Por qué me sentía tan vacío? Solo más tarde reconocí que me sentía tan vacío porque el acto no tenía significado alguno en las partes más profundas de mi ser. He llegado a darme cuenta de que no puede haber ni comunión real ni un amor profundo en los actos homosexuales: solo la experiencia de unos niños jugando con personas a las que han convertido en juguetes. |
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| Ultima actualización ( Lunes 28 de Junio de 2010 18:09 ) |