La cultura occidental actual
La cultura en occidente implica vivir al límite, ya que no previene y/o es indiferente con respecto al futuro. Lo que importa es el confort material, aquí y ahora. A causa de este deseo de bienes materiales, todos los países europeos (a excepción de Francia e Irlanda) están sufriendo el envejecimiento de sus
poblaciones debido a las tasas de natalidad extremadamente bajas. Además, hay algunas limitaciones sociales en el comportamiento de las culturas occidentales. La cohabitación fuera del matrimonio ya no está mal vista, sino que es la norma, incluso aunque suponga una menor estabilidad que el matrimonio e implique una mayor violencia doméstica. La ilegitimidad y el divorcio se aceptan y se consideran algo normal en la mayoría de los países occidentales.
Estos cambios monumentales en nuestra cultura han sido apoyados por gobiernos complacientes, que alientan esta nueva cultura con políticas sociales y económicas. Esto nos hace vislumbrar un horizonte de nubes negras: las sociedades occidentales deben afrontar sus problemas con energía o perecerán. Estos problemas incluyen:
Problemas demográficos, divorcio, aumento en las relaciones promiscuas, altas tasas de ilegitimidad, y “matrimonios” entre personas del mismo sexo.
Cambios necesarios para proteger y alentar el desarrollo de familias tradicionales.
Políticas económicas
Políticas económicas pro-familia
Se tendrá que resolver el rápido descenso de población en muchos países para proteger el futuro de estos países. La mejor solución es promover y apoyar el desarrollo de familias, de modo que se pueda asegurar, no sólo un aumento en el número de futuros contribuyentes, sino también el número de
emprendedores y trabajadores necesarios para sostener la economía. Por ejemplo, los ingresos entrantes en una familia, con unos impuestos reducidos, son una inversión segura para el gobierno, no sólo para estimular la economía, sino también, específicamente para conocer y cubrir las necesidades de las familias – un modo seguro de reducir la pobreza infantil.
Un ejemplo de la eficacia de esta política nos la ha mostrado Francia, que facilita beneficios económicos para las familias grandes. Dichas políticas han hecho que se eleve la tasa de natalidad. En su momento, la tasa de natalidad de Francia era la habitual entonces en los países europeos de sólo 1,5 niños
por mujer en edad fértil. En cuestión de pocos años, con la implementación de políticas pro-familia, Francia, en 2012, había logrado una tasa de natalidad de 2,0 hijos por mujer en edad fértil, ahora mantiene un segundo puesto dentro de las tasas de natalidad de los países europeos, justo por debajo de Irlanda, que en el 2010 tenía la mayor tasa de Europa, un 2,1. Algunos de los innovadores beneficios económicos que Francia concede a las familias son:
Reducción progresiva en los impuestos por cada hijo. Cuantos más hijos tiene una familia, menos impuestos tiene que pagar; Una bonificación mensual de $360,00 para familias con tres hijos. Esta bonificación aumenta cuando los niños alcanzan los 11 años; Una deducción por ayuda en servicio doméstico;
Las familias tienen una opción de recibir $1.160,00 al mes durante un año tras el nacimiento del tercer hijo o $690,00 al año durante tres años tras el nacimiento; Rusia firmó varias restricciones al aborto en la ley de 2011, requiriendo a los aborteros que tendrían que abonar un 10% de los costes de publicidad para describir los riesgos del aborto en la salud de la mujer e ilegalizaron la descripción del aborto como un procedimiento médico seguro. Rusia tiene una campaña nacional de una semana contra el aborto llamada “Dame Vida”, y un “Día de la Familia, Amor y Fidelidad”.
También ha establecido centros de atención al embarazo en las principales ciudades para facilitar a las mujeres alternativas posibles al aborto.
Promoción del matrimonio tradicional. En las últimas décadas, en los países occidentales ha habido un desastroso retroceso en cuanto al matrimonio tradicional. Esto ha creado otros problemas sociales y culturales, especialmente entre las clases pobres y trabajadoras que tienen menos capacidad para manejar la ruptura de la familia. Esto es, las parejas sin dinero, educación ni relaciones tienen mayor dificultad, no sólo en mantener a sus familias juntas que otras parejas más privilegiadas, sino menos capaces de solventar las consecuencias de una ruptura familiar.
Es esencial, por tanto, que las tareas se vean encaminadas a fomentar y fortalecer el matrimonio, especialmente entre las parejas con niños con reducidos ingresos. Un ejemplo de este programa es el programa de Apoyando al Matrimonio Sano (SHM) que desarrolla el Departamento de Salud y Servicios de los EEUU, que facilita talleres educativos y asesores de familia para ayudar a las parejas y se les facilitan enlaces con otros servicios de la comunidad. Este programa, según los estudios de seguimiento, ha logrado un modelo consistente y efectos positivos en las relaciones de pareja. Otro ejemplo de cómo se puede apoyar al matrimonio es mediante un consejero matrimonial de bajo coste. Estos servicios deberían estar exentos de impuestos y subvencionados por el gobierno. Además, se deberían impartir programas educativos sobre la importancia del matrimonio, especialmente en los colegios.
Restricciones en cuanto al divorcio
Está firmemente establecido que las leyes que facilitan el divorcio aumentan la aceptación social del mismo. Un divorcio fácil a menudo conduce a un predecible ciclo de matrimonio, divorcio y segundo matrimonio, y es llamado “monogamia en serie”, lo que es un gran detrimento, no sólo para los adultos, sino especialmente para los niños que sufren este tipo de relaciones. Vemos que la idea misma de un matrimonio para toda la vida, con valores de compromiso y permanencia, se ve gravemente minado por un divorcio fácil.
Si la sociedad desea asegurar la estabilidad y permanencia del matrimonio, debemos hacer cambios para restringir la ley del divorcio. Un divorcio sin sentimiento de culpa fomenta la falta de compromiso y también hace disminuir las obligaciones de cada uno hacia el otro esposo. Trivializa el matrimonio y las fatales consecuencias del divorcio, no sólo para los esposos, sino también para los hijos y la sociedad.
Promoción de la Autoridad Paterna en la Educación
El derecho de los padres a tener la prioridad en lo referente a la educación de sus hijos está siendo gravemente atacado en muchos países, como el Reino Unido, Estados Unidos, Suecia, y Canadá. Las restricciones en los derechos parentales contravienen la Declaración Universal de Derechos Humanos,
Artículo 26 (3) que reza “Los padres tienen el derecho prioritario a elegir la clase de educación que se dará a sus hijos”. También entra en contradicción con los Artículos 5, 14 y 18 de la Convención de Naciones Unidas en cuanto a los Derechos del Niño.
Los padres deben tener la autoridad de transmitir a sus hijos sus valores, fe y moral. No se debe permitir al estado que manipule y haga propaganda con los niños como herramientas para aceptar las políticas sociales definidas por el estado. Los vulnerables niños deben ser protegidos en primer y principal lugar por sus padres, y todos los atentados del estado para restringir la autoridad paterna deben ser impedidos.


