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Se revelan padecimientos visuales en niños que nacieron por fecundación in vitro.

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Ante la frecuente idea de que las técnicas de reproducción humana asistida (TRHA) cubren de manera benéfica las necesidades de quienes acuden a ellas, es necesario considerar asuntos fundamentales, sobre todo porque se reconoce que en dichos procedimientos hay riesgos severos en padres e hijos.

 

Ejemplo de esto fueron los resultados de la reunión, en 2005, del National Institute of Child Health and Reproductive Technology, organizada para analizar los riesgos obstétricos relacionados con las TRHA.

 

Ahí, se reveló que más del 30% de estos embarazos fueron gemelares o múltiples, con un subsecuente incremento en neonatos prematuros y aún en mujeres con embarazos únicos pero obtenidos por TRHA, se presentó un incremento en complicaciones obstétricas como placenta previa, preeclampsia, diabetes gestacional y parto por cesárea.

 

También se ha detectado una mayor prevalencia de patologías por alteraciones genéticas como el síndrome de Beckwith-Wiedemann, caracterizado por alteraciones del crecimiento (órganos más grandes de lo normal) y un riesgo alto de presentar ciertos tipos de cáncer.

Otro síndrome relacionado a las TRHA es el de Angelman, en el cual se presenta retraso psicomotor, crisis convulsivas y problemas de equilibrio.

Las TRHA conllevan un riesgo elevado de parto prematuro, que a su vez, implica múltiples complicaciones sistémicas para el bebé y que pueden llegar a comprometer su sistema visual en desarrollo.

De hecho, la patología oftálmica frecuentemente asociada a la prematurez es la retinopatía del prematuro (ROP), ocasionada por una vascularización insuficiente de la retina al momento del nacimiento, provocando pérdida visual severa por hemorragia vitrea o desprendimiento de retina, entre otras cosas. Incluso, la necesidad de usar anteojos es cuatro veces más frecuente en pacientes prematuros.

Otras secuelas de la prematurez a nivel ocular y neurológico son alteraciones de percepción al color, de sensibilidad al contraste y estrabismo. Son interesantes los resultados de un estudio realizado en Inglaterra en niños de 10 a 13 años con antecedente de prematurez y peso al nacer menor a 1,701 gramos, donde se analizó la presencia de alteraciones visuales (mala visión, estrabismo o alteración del campo visual), además de habilidades cognitivas, motoras y de lectura.

Se encontró que 50% de los niños tenían por lo menos una alteración visual. Asimismo, los pequeños con alteraciones visuales presentaron mala habilidad espacial.

Con esta gran variedad de complicaciones médicas hay que informar al público en general y a los responsables en regular su práctica sobre los riesgos de las TRHA en tanto se pueden producir dificultades obstétricas para la madre o patologías que alteran el desarrollo físico y cognitivo de sus hijos.

 

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