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Craig Venter, uno de los padres del genoma humano, no crea vida

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Varios comentaristas me han pedido opinión sobre el asunto. La verdad, poquito más de lo que dije hace ya más de dos años. Craig Venter, uno de los padres del genoma humano, publica que su equipo ha ‘fabricado’ por primera vez una célula controlada por un genoma sintético.
 
 
 
 
 
 
 
Un avance técnico impresionante. Impresionante, pero técnico. No sé a dónde llegará, y si algún día será capaz de «crear» vida, pero abre unas posibilidades insospechadas.

Y con todo, no se crea vida: se ha conseguido transplantar un genoma sintético de una bacteria a una célula «huésped» ya viva. Supongo que decir la verdad no desmerece el avance. Aquí es más importante el salto cualitativo que la complejidad del organismo, y habrá que estar atentos a si de verdad hay vida. La mayoría de los demás científicos creen que en realidad no ha llegado tan lejos. Su éxito, y es un exitazo, ha sido sintetizar una cadena muy larga de ADN. Larga relativamente.

Quizá en el futuro vayan acercándose al objetivo de esa nueva especialidad que se denomina «biología sintética» y que básicamente consiste en modificar o transformar sistemas biológicos creándolos desde cero. O al menos eso es lo que pretenden. Pero una pretensión no es una realidad, tampoco lo fue la «piedra filosofal». La postura prudente de la Santa Sede de esperar a los resultados para opinar es ejemplar.

Desde el punto de vista ético, la «biología sintética» presenta tres grandes cuestiones, que antes o después habrá que afrontar. Ya sea «pseudo-creación» o simple transferencia, como en este caso. Nunca la utilidad puede justificar la acción, el fin no justifica los medios, y mucho menos obtener biocombustibles.

En palabras de Margaret Somerville, fundadora y directora del McGill Centre for Medicine, los retos éticos son:

    * ¿Cómo podemos desarrollar una ética de la incertidumbre? Cometemos muchos errores éticos porque nos asusta la incertidumbre y tratamos de convertir la inevitable incertidumbre en certeza, en lugar de aplicar una sabia restricción ética ante la incertidumbre. Debemos aprender a enfrentarnos a la incertidumbre y a vivir más cómodamente con ella, si vamos a evitar tales errores. Y para lograrlo, necesitamos la ayuda de la ética.
    * ¿Qué exige de nosotros una ética de la potencialidad? ¿Cuáles son nuestras obligaciones con respecto a las futuras generaciones, para las que debemos conservar la vida y nuestro mundo en fideicomiso? Al decidir lo que haremos y lo que dejaremos de hacer con la nueva tecnociencia, debemos preguntarnos: ¿puede el futuro confiar en nosotros?
    * Finalmente, ¿qué exige de nosotros una ética de la complejidad? Nosotros somos los primeros seres humanos que disponemos de los extraordinarios poderes que la ciencia ha colocado en nuestra mano para cambiar la misma vida. Un gran poder viene acompañado de una gran responsabilidad. Cumplir con esa responsabilidad requerirá una ética de la sofisticación, la profundidad, la perspicacia, la creatividad, la imaginación y la complejidad igual a esas mismas características de la ciencia de la que se ocupa.

Para cuestiones más trascendentes y apocalípticas, que a mi me interesan más, remito al post anterior: Craig no crea, aunque no sea más que la bacteria Mycoplasma genitalium, un parásito del sistema urinario.

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