En el marco de la celebración de la encarnación del verbo que simboliza el inicio de la vida humana de Jesús, el obispo Miguel Ángel Alba Díaz llamó a los legisladores y políticos a que venzan la inercia y el deseo de buscar soluciones rápidas y electorales, mientras que a la gente a que profundice su reflexión sobre la naturaleza y dignidad del ser humano recién concebido.
La Paz, Baja California Sur.- Cuando la legislatura local empezó a abordar el asunto del aborto, simultáneamente la Iglesia Católica refrendó su férreo posicionamiento en contra de la despenalización del aborto en la entidad. Hoy, al filo del mediodía, las campanas de todas las iglesias, parroquias y templos, repicarán anunciando el inicio de la vida de Jesús, recordando la aparición del ángel a María, que le anunciaba que concebiría al hijo de Dios. El obispo ha pedido a la gente orar en ese momento por todas las mujeres que ven su embarazo como problemático y sienten la tentación del aborto. En el marco de la fiesta de la Encarnación del Verbo, el jerarca católico emitió un mensaje dirigido a las autoridades, medios de comunicación y población en el que destaca la invitación a la comunidad católica a reflexionar en el tema y profundizar en las razones por las que la Iglesia se opone al aborto, y al mismo tiempo a difundir y defender la dignidad y el derecho a la vida del niño recién concebido, "a oponerse firme y tenazmente a todo intento de despenalizar el aborto en nuestra entidad". "Invito a todos los legisladores y políticos que quieren ser verdaderamente cristianos a que, venciendo la inercia y el deseo de buscar soluciones rápidas y electoreras, usen su inteligencia, imaginación y creatividad para encontrar y ofrecer alternativas de vida que sean válidas y accesibles a la mujer que ve como problemático su embarazo, y que la hagan ver el aborto como la última y menos humana de todas las alternativas, para que puedan ejercer su derecho a decidir con plena libertad y plena claridad de conciencia", dice el mensaje.
Sé que es un tema complejo -repara- porque existen problemáticas humanas que exigen respuestas impostergables para muchas personas. Sé que es inhumano plantear los principios éticos, sin tomar en cuenta las diversas circunstancias en las que las personas se ven inmersas y no pocas veces atrapadas como en un callejón sin salida. También los hijos de la Iglesia tenemos más preguntas que respuestas y sabemos que nunca será fácil encontrar las soluciones más acertadas y mucho menos implementarlas.
Se refirió a la sexualidad, como un asunto que se agrava en los tiempos actuales porque, por una parte permite vivir la sexualidad con mayor conocimiento de la misma, con menos traumas, inhibiciones y prejuicios, pero que, por otra parte, ha erotizado, trivializado y comercializado el sexo, desvinculando su ejercicio de un contexto auténtica y plenamente humano. Señaló que está fuertemente ligado a los instintos, pasiones, emociones y afectos y el control que la voluntad humana ejerce sobre sus impulsos es tan débil, que siempre y para todos resulta difícil el ejercicio plenamente humano y digno de la misma, lo cual da lugar a situaciones sumamente delicadas y dramáticas.
Aunque repara también en que resulta utópico pretender erradicar el aborto, señala enfático que urgen cambios y trasformaciones audaces como la conversión y una educación más integral para un ejercicio de la sexualidad más conciente, más libre y más acorde con la dignidad del ser humano, pero mientras, las respuestas urgen, repara.
Además de mañana, el obispo pidió a los párrocos que toquen hoy y todos los días las campanas a las doce de mediodía, recordando a los fieles que este día comenzó la existencia del verbo encarnado e invitándolos a reflexionar sobre la naturaleza y dignidad del ser humano recién concebido y pidió a los fieles que recordando el Sí de María, recen en ese momento el Ángelus por todas las mujeres que, viendo su embarazo como problemático, sienten la tentación del aborto.
A los padres de familia, a los sacerdotes, maestros, catequistas y demás personas que participan en las tareas educativas, pidió que ayuden a las antiguas y nuevas generaciones a tener una visión más humana de la sexualidad y un ejercicio más digno de la misma.
Incluyó también a los responsables de los medios y de la publicidad y, "principalmente a los que han hecho del erotismo un simple negocio promovido por múltiples y poderosos medios", que consideren hasta qué punto sus acciones han contribuido a agravar la problemática que muchas personas viven: abortos, embarazos de adolescentes, infidelidad conyugal, desintegración familiar, promiscuidad sexual, sida, violaciones, abuso infantil, crímenes y suicidios por motivos sentimentales.
"Pido a todos un esfuerzo por escuchar a Dios, escrutando los signos de los tiempos y un empeño serio de conversión personal, social e institucional", puntualizó.
* La iglesia destaca el origen
El 25 de marzo, faltando exactamente nueve meses para la fiesta de la Navidad y el nacimiento de Jesucristo, la Iglesia celebra desde tiempos remotos el comienzo de su existencia humana, la fiesta de la Encarnación del Verbo.
Ese día María, haciendo a un lado sus proyectos personales y arriesgando su relación con José, su prometido, arriesgando su honor e incluso su vida, dijo "Sí" al proyecto de Dios y se convirtió en la madre del Mesías, del Salvador.
Ese día comenzó en las entrañas de María la existencia de un organismo humano nuevo, individual, completo y distinto al organismo materno, que nueve meses después nacería y llevaría el Nombre que está sobre todo nombre (Fil 2,9). Ese día comenzó el Verbo eterno del Padre a tener una existencia humana, se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1,14), ese día Dios comenzó a ser Emmanuel.
Según el testimonio de Lucas, ese mismo día María salió presurosa a las montañas de Judea para visitar a su prima Isabel, que también esperaba un hijo (Lc 1,39-45).
Llegó a la casa de Isabel cuando aún no tenía un mes de embarazo, todavía no se le notaban sus signos y, tal vez, ni María misma experimentaba sus síntomas, sin embargo el niño que Isabel llevaba en su seno, percibió la presencia del Verbo encarnado y saltó de gozo. Isabel sintiendo el júbilo del niño saludó a María, reconociéndola como la madre de su Señor, como la bendita entre todas las mujeres y reconoció al fruto bendito de su vientre.
Eran otros tiempos cuando el médico Lucas escribió su evangelio, la ciencia aún no estaba tan avanzada, sin embargo la gente sabía que la vida de un ser humano no comienza el día de su nacimiento, sino nueve meses antes, el día que es concebido en el seno materno. La gente sabía que ese diminuto ser oculto en las entrañas de una mujer es un verdadero ser humano, individual y completo; que no es parte del organismo materno que lo aloja, sino que es realmente distinto de él; que es otro ser humano, otra persona.
La intuición del pueblo era verdad, la ciencia comprueba y enseña que el cigoto recién concebido mediante la unión de un óvulo y un esperma es un organismo plenamente humano, individual, completo en sí mismo y realmente distinto del organismo del padre y de la madre que le dieron vida.
Cuando la Iglesia enseña que la vida comienza desde la concepción, no lo hace basada sólo en sus propias creencias y tradiciones religiosas, lo hace bien fundamentada en los datos, positivos, objetivos y comprobables que aporta la ciencia.
Cuando la Iglesia pide respeto a la vida del ser humano recién concebido, no hace sino exigir coherencia a quienes dicen valorar la dignidad humana y, sin embargo, usan como pretexto su derecho a decidir, para atentar contra el derecho fundamental de todo ser humano, el derecho a la vida, pisoteando así la dignidad del ser humano en gestación.
Cuando la Iglesia se opone a que se despenalice el aborto no busca que se castigue a la mujer que aborta. Sus miembros sabemos que no estamos lo suficientemente limpios como para tirar la primera piedra y también sabemos que tras muchas de estas mujeres existen historias y episodios de dolor, explotación, abuso y sufrimiento; la Iglesia sabe que muchas de ellas enfrentan riesgos, problemas e incertidumbres que hacen de su embarazo un verdadero drama.
Cuando la Iglesia se opone a que se despenalice el aborto no pretende que la mujer que decide abortar se vea obligada a recurrir a médicos o pseudo médicos sin escrúpulos o a clínicas clandestinas, que evadiendo todo control de las autoridades civiles y sanitarias, son las más de las veces inseguras, irresponsables y caras, poniendo en grave riesgo la salud y la vida de la mujer que aborta.
La Iglesia quiere que a la mujer que ve como un problema su embarazo se le ofrezcan alternativas de vida para su hijo, que sean válidas y accesibles para ella; la Iglesia quiere que el aborto nunca se le presente como la única, la primera o la mejor alternativa de solución para un embarazo que se ve como problemático, sino que conozca otras alternativas y que vea el aborto como la última, la menos humana, la menos digna, la peor; la más injusta, cruel para el embrión y la más indigna y traumática para ella.
La Iglesia quiere que cuando los hombres y las mujeres ejerzan su derecho a elegir, lo ejerzan conociendo y reconociendo la verdad, porque sólo la verdad nos hace auténticamente libres. La Iglesia quiere que cuando los hombres y las mujeres ejerzan su derecho a elegir, lo hagan sin tratar de ocultar la realidad tras eufemismos engañosos; la Iglesia quiere que se llame a las cosas por su nombre.
El cigoto alojado en el seno de una mujer no es parte de su cuerpo; el embarazo no es una enfermedad, ni el cigoto es un tumor o un órgano infectado de la madre; el cigoto no es parte de un organismo extraño implantado artificialmente en las entrañas de la mujer; el cigoto es un ser humano y no hay otra manera de interrumpir un embarazo, más que abortándolo y destruyendo su vida.
La Iglesia, nuestra Iglesia de La Paz, está dispuesta a colaborar en toda alternativa de vida que se ofrezca a una mujer embarazada, pero por razones de conciencia pensamos y creemos firmemente que no debemos cooperar ni directa ni indirectamente, vía impuestos, a la comisión de un aborto, al cual consideramos como un crimen de lesa humanidad, un crimen contra la dignidad y el derecho fundamental de un ser humano inocente e indefenso e, incluso, un crimen contra la dignidad de la mujer que lo comete.
http://www.oem.com.mx/elsudcaliforniano/notas/n1097611.htm
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