Los obispos españoles recuerdan los documentos sobre este tema: MADRID,19 mayo 2009.- Con motivo de la autorización en España de la compra en farmacias de la píldora del día después sin la necesidad de receta médica, la Conferencia Episcopal Española incluye en su página web, una serie de documentos emitidos por este organismo entre 1998 y 2001, bajo el título "El aborto con píldora también es un crimen".
"La Secretaría General de la CEE --dice la presentación de los documentos--, por indicación expresa del Comité Ejecutivo, reunido el 14 de mayo de 2009, ante las sorprendentes medidas que permiten la venta sin prescripción médica de fármacos con posibles efectos abortivos y eventuales secuelas negativas para la salud de las mujeres o niñas que los utilicen, publica de nuevo las orientaciones que a este respecto ha emitido la Conferencia Episcopal". ASAMBLEA PLENARIA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL LA PÍLDORA DEL DÍA SIGUIENTE NUEVA AMENAZA CONTRA LA VIDA Nota de la Conferencia Episcopal Española Madrid, 27 de abril de 2001 El pasado día 23 de marzo la Agencia del Medicamento, del Ministerio de Sanidad, aprobó la comercialización de la llamada “píldora del día siguiente” en las farmacias españolas. 1. Se trata de un fármaco que no sirve para curar ninguna enfermedad, sino para acabar con la vida incipiente de un ser humano. Su empleo es un método abortivo en la intención y en el efecto posible. En la intención, porque con su utilización en las 24 ó 72 horas siguientes a las relaciones sexuales, se pretende que, si ha habido fecundación, el óvulo fecundado no llegue a anidar en el útero y muera, siendo expulsado del cuerpo de la madre. Lo que objetivamente se persigue es, pues, un aborto precoz, aunque tal aborto sólo se produzca efectivamente en el caso de que las relaciones sexuales hubieran sido fecundas[1]. 2. El embarazo comienza con la fecundación, no con la anidación. El óvulo fecundado ya es un ser humano, distinto de la madre, que empieza a vivir su propia vida en las fases previas a su anidación en el útero materno[2]. Es verdad que su viabilidad es entonces más baja que en las etapas posteriores de su existencia y muchos embriones incipientes se malogran de modo natural. Pero esto no autoriza a nadie a eliminarlos consciente y voluntariamente. Todos hemos pasado por esa situación de debilidad vital y agradecemos que nadie haya puesto fin en aquellos momentos al curso natural de nuestra vida, impidiéndonos llegar a ver la luz. Eso habría sido un crimen. La vida humana ha de ser respetada y protegida siempre; con mayor esmero, si cabe, cuando más débil es y más a merced está del cuidado ajeno. 3. La ”píldora del día siguiente” es un fármaco a base de hormonas, que no es inocuo para la mujer. Su concentración hormonal es muy superior a la de los anticonceptivos. No trata de preparar a la mujer para evitar la concepción, sino de impedir el desarrollo de una posible concepción ya realizada. No es un anticonceptivo. Por eso, es necesaria una gran cantidad de hormonas administrada de golpe, en una o dos veces. De ahí que se puedan producir trastornos y problemas de salud en la mujer que lo utiliza, pues se trata de una especie de agresión hormonal a su organismo. Este posible daño se añade, como causa de inmoralidad, al aborto intentado o realizado, aunque, como es obvio, lo verdaderamente grave sea el atentado deliberado a la vida humana. 4. Permitiendo la venta de la “píldora del día siguiente”, la autoridad pública abdica de nuevo de su gravísima responsabilidad de tutelar siempre la vida humana. Es incluso posible que con esta autorización el Gobierno entre en contradicción legal con la actual legislación despenalizadora del aborto, la cual, aun siendo moralmente rechazable, exige al menos, como requisito de la exención de pena para las acciones abortivas, la constatación previa de que se da alguno de los tres supuestos marcados por la ley. La Administración pone ahora en manos de los usuarios de la ”píldora del día siguiente” un instrumento que permite la realización del aborto sin control alguno de los supuestos legales de despenalización. 5. Los médicos y los farmacéuticos amantes de la vida humana y coherentes con la conciencia ética no deberían prestarse a facilitar en modo alguno este instrumento de muerte que es la ”píldora del día siguiente”. Las autoridades tienen la obligación de proveer a que no se les impida el ejercicio de la objeción de conciencia en esta materia tan grave. 6. Exhortamos a todos, una vez más, a respetar y cuidar la vida humana. Nadie con conciencia recta querrá contribuir a la confusión entre el bien el mal, un signo tan triste de la llamada cultura de la muerte, que induce a matar haciendo creer erradamente que así se sirve a la vida. El problema de los embarazos no deseados y no deseables, por ser fruto de relaciones sexuales irresponsables, en particular entre los más jóvenes, no se puede tratar de resolver recurriendo, con mayor irresponsabilidad aún, al expediente criminal del aborto. Intentar enmascarar la realidad por motivos políticos, comerciales o de cualquier otra clase, acaba perjudicando a las personas y al bien común. 7. Pedimos a los agentes de la pastoral de la Iglesia y a los educadores, en especial a los padres y madres de familia, que ayuden a los adolescentes y a los jóvenes a comprender y vivir con verdad su propia sexualidad y las relaciones entre los sexos; muéstrenles cómo la castidad, lejos de recortar las posibilidades de la existencia humana, permite integrar en la libertad los instintos y las emociones capacitando para un amor auténtico. La libertad que la virtud posibilita es la que hace felices a las personas, pues respeta y ama la vida de todos. -------------------------------------------------------------------------------- [1] Cf. Academia Pontificia para la Vida, Comunicado sobre la llamada “píldora del día después”, 31 de octubre de 2000. [2] Cf. Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium vitae, n1 60. NOTA DE LA SUBCOMISIÓNPARA LA FAMILIA Y LA DEFENSA DE LA VIDA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA SOBRE LA "PÍLDORA DEL DÍA SIGUIENTE" Madrid, 12 de diciembre de 2000 Se ha anunciado recientemente la posible comercialización de la llamada píldora del día siguiente que ha despertado una notable inquietud en la opinión pública. Los Obispos de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida, por encargo de la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, ante la importancia social de este hecho, manifestamos lo siguiente: 1. La llamada píldora del día siguiente es un preparado de hormonas que se ha de tomar dentro de las 72 horas siguientes a aquella relación sexual susceptible de dar lugar a un embarazo. Cuando el preparado llega al torrente sanguíneo, las altas dosis de hormonas trastornan el delicado equilibrio hormonal necesario para que la mucosa uterina acoja al embrión eventualmente concebido. Sucede así que, si ha habido una concepción, el embrión no logra implantarse en el endometrio modificado por el fármaco. El resultado es la expulsión y la pérdida del embrión. 2. La píldora del día después es, por tanto, una autentica técnica abortiva y no simplemente anticonceptiva, como se ha afirmado repetidamente. En efecto, “desde el momento en que el óvulo es fecundado, se inaugura una nueva vida que no es la del padre ni la de la madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo. Jamás llegará a ser humano si no lo ha sido desde entonces. A esta evidencia de siempre… La genética moderna otorga una preciosa confirmación. Muestra que desde el primer instante se encuentra fijado el programa de lo que será ese viviente: una persona, un individuo con sus características bien determinadas. Con la fecundación se inicia la aventura de una vida humana”[1]. Una vez más hemos de afirmar que “la vida humana ya concebida ha de ser salvaguardada con extremados cuidados; el aborto y el infanticidio son crímenes abominables”[2]. Y como ya señalamos a propósito de la RU-486 “el aborto con píldora es también un crimen”[3], pues se trata de la eliminación de un ser humano inocente. 3. La difusión, la prescripción y el uso de la píldora del día siguiente son, por tanto, prácticas moralmente reprobables por tratarse de un aborto provocado. De ello son también responsables todos aquellos que cooperan con tal procedimiento. En consecuencia, si se lleva a efecto su comercialización, exhortamos a todos los profesionales de la medicina y de la farmacia a ejercer su derecho de objeción de conciencia, que testimonie con fuerza el valor inalienable de la vida humana, defendiendo la más débil e indefensa, como es el caso del embrión humano, víctima inocente de una cultura y de una política incapaz de sostener adecuadamente la dignidad de la persona y la vida humana. 4. Con el fin de evitar estas prácticas, exhortamos a promover una verdadera educación afectivo-sexual que ayude a los adolescentes y jóvenes a vivir la sexualidad de forma responsable. Educación que lleve a la persona a reconocer su propia dignidad y la del otro, y a respetar las leyes morales, para hacer posible una maduración que le capacite para la donación de sí misma en el matrimonio. Es tiempo de que nuestra sociedad, más allá de las propagandas engañosas del sexo libre y del sexo seguro, empiece a hablar y a educar en el sexo responsable, al igual que pedimos a los jóvenes responsabilidad en la bebida, en las drogas y en el tráfico rodado. A los padres, primeros responsables de la educación de sus hijos, a los colegios religiosos e instituciones eclesiales, y a todos los implicados en tareas educativas, les invitamos a educar en la verdad y el sentido de la sexualidad y del amor humano. Se trata de una tarea especialmente necesaria y urgente en nuestra sociedad permisiva. Está en juego la dignidad del hombre y la misma vida humana. -------------------------------------------------------------------------------- [1] JUAN PABLO II, Carta Encíclica Evangelium Vitae, 60. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE. Declaración sobre el aborto procurado (18 de noviembre de 1974), 12-13. AAS 66 (1974). [2] CONCILIO VATICANO II, Gaudium et Spes, 51. [3] CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Declaración de la Comisión permanente, El aborto con píldora es también un crimen, 17 de junio de 1998. NOTA DE LA CLXXVI REUNIÓN DE LA COMISIÓN PERMANENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA CON LA PÍLDORA TAMBIÉN SE MATA Nuestros hospitales pueden disponer ya de la píldora RU-486. Es muy lamentable. Porque ese fármaco no será utilizado para sanar, sino como instrumento para matar.Resulta inconcebible que las autoridades sanitarias, cuya misión específica es velar por lasalud de todos, den carta blanca a un combinado químico diseñado para quitar la vida a los seres humanos más indefensos y necesitados de cuidado, que son los niños concebidos y ún no nacidos. Debemos denunciar con toda energía que nuestros centros hospitalarios abran sus puertas a esa píldora de muerte. Esto los convierte en más inseguros para todos no sólo para los no nacidos— porque los pone en el plano inclinado de una medicina pervertida al servicio de la muerte. Algunos dicen: ya que hay abortos, hagámoslos menos traumáticos en beneficio de la mujer; facilitemos esta píldora que hace sufrir menos que la cirugía. Bajo la apariencia de un humanitarismo compasivo se esconde aquí una inhumanidad cruel. La verdadera humanidad y compasión está en apoyar a la mujer tentada de abortar para que no atente contra la vida de su hijo. No hay que abandonarla a su suerte poniendo un arma mortífera en sus manos. La responsabilidad es aquí también del padre, de la sociedad, del Estado y de la Iglesia. La compasión que mata no es verdadera compasión. No es posible compaginar la caridad con dar muerte a un ser humano inocente. La introducción de la píldora abortiva es un paso más en la degradación de la conciencia de la dignidad inviolable de la vida humana. Este lamentable hecho es consecuencia de una ley gravemente injusta, la llamada «ley del aborto». Una ley que da licencia para matar en algunos casos a seres humanos inocentes no merece ni siquiera el nombre de ley. Esa ley debe ser abolida, porque pone en peligro los fundamentos mismos del Estado de derecho. Alertamos a padres, profesionales de la sanidad, juristas y a la sociedad en general ante este nuevo camuflaje del crimen del aborto bajo un método supuestamente más benigno. No hay métodos benignos para el crimen. La responsabilidad de quien aborta o contribuye al aborto es la misma aunque el método empleado sea la píldora. Animamos de nuevo a quienes aman la vida humana, en especial a los católicos, que conocen bien su valor sagrado, a luchar con todos los medios justos a su alcance por la abolición de la actual legislación sobre el aborto, que da vía libre a la ley del más fuerte. NOTA DE LA CLXXIV REUNION DE LA CONFERENCIA ESPISCOPAL ESPAÑOLA EL ABORTO CON PÍLDORA TAMBIÉN ES UN CRIMEN 21 de octubre de 1998 La práctica del aborto voluntario es, como dice el Concilio Vaticano II, un «crimen abominable»1. Algunos, en cambio, han llegado hoy a pensar que abortar es un derecho. Es muy preocupante esta confusión del bien y el mal. Todos somos pecadores y hemos de acogernos a la misericordia de Dios. Pero es particularmente grave que no sepamos distinguir entre lo que nos hace virtuosos y lo que nos hace injustos. La Iglesia no quiere dejar de alzar su voz para desenmascarar el mal y para defender los verdaderos derechos del hombre, en particular el derecho a la vida. No decimos hoy nada sustancialmente nuevo sobre el aborto. Recordamos la doctrina de siempre aplicándola a ciertos fármacos abortivos que podrían camuflar todavía más la tragedia moral el aborto. I. UNA PROPOSICIÓN CONTRA LA VIDA 1. La Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados aprobó por unanimidad, el 26 de noviembre de 1997 una Proposición no de Ley que insta al Gobierno a facilitar en determinadas condiciones la utilización del fármaco RU-486. Con el debido respeto a nuestros representantes políticos, tenemos la obligación de denunciar esta decisión. Resulta incomprensible que una Comisión de Sanidad haga propuestas gravemente lesivas de la vida humana. La píldora RU-486 no se utiliza para curar ninguna enfermedad. Su finalidad eliminar vidas humanas inocentes en las primeras semanas de su existencia. Es un fármaco abortivo. 2. Esperamos, pues, que el Gobierno no tome ninguna medida que contribuya todavía al deterioro del aprecio y respeto a la vida humana que ya padece nuestra sociedad. Regular el uso de la RU-486 sería dar otro paso en la abdicación de la gravísima obligación que incumbe al Estado de proteger el derecho fundamental a la vida frente a quienes violan la ley natural y divina que prohíbe matar. Hay que recordar que «los gobernantes tienen como deber principal [...] mantener eficazmente la integridad de los derechos de todos y restablecerla en caso de haber sido violada»2. II. EL ABORTO QUÍMICO ES TAN INMORAL COMO EL QUIRÚRGICO 3. En todo caso, queremos recordar que el recurso a un fármaco abortivo, como la píldora RU-486, es tan inmoral como el recurso al aborto por medios quirúrgicos. Cambia el modo en el que se ejecuta la acción, pero el objeto moral de la misma es, en ambos casos, idéntico: la eliminación de una vida humana inocente. El crimen no se perpetra con arma blanca, pero sí por medio de una química letal. III. PROBLEMAS ÉTICOS PROPIOS DE LA PÍLDORA ABORTIVA 4. La píldora abortiva, aunque no esté exenta de riesgos, incluso graves, para la salud de la madre, permite que el aborto sea ejecutado de un modo menos traumático y más discreto. Es verdad que la RU-486 podría ahorrar ciertas incomodidades, pero en modo alguno evitaría el mal moral del aborto. Al contrario, las circunstancias más favorables, que parecen facilitar las cosas, traen consigo nuevos problemas éticos que es necesario tener en cuenta. 5. Al resultar más sencillo el procedimiento, podría acentuarse la falsa impresión, por desgracia ya bastante difundida, de que el aborto es un «asunto privado» que concierne en exclusiva a la madre y, sólo muy secundariamente, a las personas y facultativos que la asistan. Pero no se debe olvidar que también el padre, la sociedad entera y, sobre todo, el ser humano víctima del aborto están implicados en éste. La píldora abortiva podrá camuflar el aborto, pero no despojarlo de su carácter de crimen ni de las graves implicaciones sociales y públicas que todo crimen comporta. 6. Otro efecto negativo de este procedimiento abortivo más sencillo sería que los médicos y el personal sanitario se sintieran menos seguros de su obligación moral de no cooperar a la realización de ningún aborto. Hay que recordar que la objeción de conciencia seguiría siendo aquí tan necesaria como en el caso del aborto quirúrgico. Aunque la intervención facultativa sea mucho menos visible e incluso llegue a reducirse a firmar una receta, seguirá tratándose de una cooperación directa a este crimen, que podría hacer incurrir a quien la prestara en la pena de excomunión3. 7. Por lo que toca a las implicaciones legales, la regulación del uso de fármacos abortivos iría, sin duda, acompañada de un fraude de ley aún mayor del que ya se viene produciendo en la aplicación de la legislación sobre el aborto. La ejecución más discreta y sencilla del aborto eliminaría muchos de los controles objetivos que la práctica quirúrgica del mismo lleva consigo. De este modo, no sólo resultará aún más fácil recurrir injustificadamente al tercer supuesto de despenalización sin llamar la atención, sino que se venderá también a hacer caso omiso de todo supuesto legal. IV. LLAMADOS DE NUEVO A ACOGER Y RESPETAR A LOS HIJOS 8. La utilización legal de píldoras abortivas supondría un grave paso adelante en la difusión de esa mentalidad aberrante que considera un logro higiénico y político el llamado "derecho al aborto», es decir, a disponer de un modo «seguro» y voluntario de la vida de los hijos que todavía no han nacido. Abre, por tanto, el paso a nuevos crímenes y a una contaminación mayor de nuestro modo de vida por la «cultura abortista»4. Llamamos de nuevo a los católicos y a todos los amantes del ser humano y de la vida a oponerse sin vacilar a esta cultura mortífera. 9. La actual legislación sobre el aborto es injusta porque deja sin la tutela necesaria la vida de los no nacidos. Si, como algunos grupos políticos pretenden, se llegara a incluir entre los supuestos de despenalización el llamado cuarto supuesto, el Estado renunciaría prácticamente por completo a su obligación de tutelar la vida de los niños no nacidos. La inmoralidad aún más radical de esa legislación sería evidente. Cuando en 1994 se intentaba también introducir ese cuarto supuesto, advertíamos además de la posible inconstitucionalidad de esa legislación. Recomendamos la lectura de aquella Declaración que ha vuelto de nuevo a ser de triste actualidad5. 10. «Nuestro rechazo público no va contra las mujeres tentadas de abortar ante las dificultades reales de su vida o movidas por un ambiente cada vez más insensible a lo que el aborto es en realidad»6. Sin restar nada a la gravísima injusticia del aborto, la Iglesia comprende a las que ya han recurrido a él, pues «no duda de que en muchos casos se ha tratado de una decisión dolorosa e incluso dramática»7. Pero tenemos que denunciar el crimen y, en particular, a quienes lo favorecen por medio de medidas legislativas o administrativas que dejan desprotegida la vida de los inocentes e inducen a los ciudadanos pensar que el aborto no está tan mal o incluso que es un derecho. La injusta legislación actual debe ser modificada, pero no para hacerla aún más injusta, sino protectora de derechos fundamentales que hoy se están violando impunemente. 11. Hay que proporcionar a las madres tentadas de abortar los apoyos necesarios para que eviten una acción tan grave contra sus hijos que, además, no va a dejar de causarles a ellas graves problemas y traumas. El uso de píldoras abortivas sería un camino equivocado. las hundiría más en la miseria moral del aborto. Hay que ayudarlas a acoger a sus hijos, no a eliminarlos. Hay que ayudarlas a criarlos y educarlos cuando tengan dificultades económicas o de otro tipo. Y hay que facilitarles dar a sus hijos en adopción cuando lo deseen. Son miles las familias españolas dispuestas a acogerlos con cariño y dedicación, deseo entorpecido no pocas veces por procedimientos legales demasiado complejos que hay que agilizar. 12. Estamos convencidos de que la aceptación social del aborto es uno de los mayores signos de inhumanidad y de decadencia moral de nuestra sociedad. Por eso hemos hablado en diversas ocasiones en contra de este fenómeno tan preocupante8. lo porque tengamos algo contra la verdadera libertad, sino porque estamos contra la injusticia, contra la «ley del más fuerte», y a favor de la vida de los hombres, que es la gloria de Dios. Quebrantar el mandato divino: «no matarás» (Éx 20,13) y contravenir la ley natural que nos pide respetar la vida humana no es en realidad actuar con libertad, sino con un gravísimo despotismo sobre los hermanos que esclaviza a quienes así actúan. NOTAS 1 CONC. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes [GS] 51. 2 JUAN XXIII, Carta enc. Pacem in terris [PT] 62. Cf. CEE, «Moral y sociedad democrática», BOCEE 13 (1996) 50, 88-97. Allí se dice que «el que una ley haya sido establecida por mayoría o incluso por consenso, no basta para legitimarla. La Iglesia ha defendido siempre que la autoridad necesaria para legislar y gobernar procede más bien de su ejercicio según la recta razón» (27). 3 «Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae» (Codex Iuris Canonici [CIC] 1398). 4 JUAN PABLO II, Carta enc. Evangelium vitae [EV] 13. 5 PERMANENTE, «Declaración sobre la proyectada nueva “Ley del aborto” (22-IX-1994)», en BOCEE 11 (1994) 24, 159-161. 6 Declaración citada en la nota anterior, n. 3. 7 EV 99. 8 Además de la declaración ya citada de la Comisión Permanente, cf. CEE, «Actitudes morales cristianas ante la despenalización del aborto (28-VI-1985)», BOCEE 2 (1985) 7,137-142; COMISIÓN EPISCOPAL PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Fe y moral. Documentos publicados de 1974 a 1993 (Edice,Página 4/4 Madrid 1993) 7-13; COMITÉ EPISCOPAL PARA LA DEFENSA DE LA VIDA, «El aborto. 100 cuestiones y respuestas sobre la defensa de la vida humana y la actitud de los católicos (25-III-1991)», BOCEE 8 (1991) 99-118. |